Etapas psicosexuales-ensayo

Presentación: http://prezi.com/lfvamu8oibmr/?utm_campaign=share&utm_medium=copy

Victor Hugo RodriguezCruz.
Isui Tovar Cortez.
Etapas psicosexuales.
DTHICS.
10/04/2015.
ETAPAS PSICOSEXUALES DEL DESARROLLO.
Las primeras relaciones únicas que tenemos de niños con distintas personas y objetos hacen
que desarrollemos un conjunto personal de atributos del carácter, un patrón congruente de
conducta que nos define a cada uno como individuo.
El tipo singular de carácter de la persona se desarrolla en la niñez, principal-mente por medio
de las interacciones entre padres e hijos. Él menor trata de obtener el mayor placer posible
satisfaciendo las exigencias del ello, mientras sus padres, como representantes de la sociedad,
procuran imponerle las exigencias de la realidad y de la moral. Freud consideraba que las
experiencias de la niñez eran tan importantes que decía que, para el quinto año de vida del
niño, su personalidad de adulto estaba firmemente configurada y cristalizada.
Los recuerdos de su niñez y los que le confiaban los pacientes adultos lo convencieron de que
estos primeros años eran cruciales. Mientras sus pacientes yacían en el diván del psicoanálisis,
invariable-mente se remontaban a esa etapa de su vida. Así, Freud se fue dando cuenta de
quela neurosis de los adultos se había formado en sus primeros años de existencia. Freud
advirtió fuertes conflictos sexuales en el infante y en el niño de corta edad, los cuales al parecer
giraban en torno a ciertas regiones del cuerpo. Notó que, en distintas edades, cada una
adquiría mayor importancia como centro de conflicto. Basándose en estas observaciones,
elaboró la teoría de las etapas psicosexuales del desarrollo.
Etapas psicosexuales del desarrollo:
Cada una se ve definida por una zona erógena del cuerpo. En cada una existe un conflicto que
se debe resolver para que el infante o el niño puedan avanzar a la siguiente.
A veces, la persona es renuente o incapaz de pasar de una etapa a otra porque no ha resuelto
el conflicto o porque las necesidades han sido satisfechas tan bien por un progenitor indulgente
que el niño no quiere avanzar a la siguiente. En ambos casos se dice que el individuo está
fijado a esa etapa del desarrollo.
En la fijación una parte de la libido o energía psíquica permanece invertida en esa fase del
desarrollo, dejando menos energía disponible para las siguientes. El impulso sexual del infante
es central para la teoría psicosexual. Freud escandalizó a sus colegas y al público general
cuando afirmó que los impulsos sexuales motivan a los infantes. Sin embargo, recuerde que él
no definía el sexo en términos estrechos. Pensaba que el pequeño siente el impulso de obtener
una forma difusa de placer corporal que se deriva de la boca, el ano y los genitales, o sea las
zonas erógenas que definen las etapas del desarrollo durante los primeros cinco años de vida
La etapa oral.
La etapa oral es la primera del desarrollo psicosexual y abarca del nacimiento a algún punto del
segundo año de vida. En este periodo, la principal fuente de placer del infante es la boca. Éste
obtiene placer al succionar, morder y deglutir. Por supuesto que la boca cumple una función de
supervivencia (para ingerir alimentos y agua), pero Freud hizo hincapié en la satisfacción
erótica que se deriva de las actividades orales. El infante se encuentra en un estado de
dependencia de la madre o la cuidadora, quienes se convierten en el objeto primario de su
libido. En términos menos formales, podríamos decir que está aprendiendo, de modo primitivo,
a amar a la madre.
La respuesta de ésta a sus exigencias, que en esta época son exclusivamente las del ello,
determinará la naturaleza del pequeño mundo del bebé. El infante aprende de ella a percibir el
mundo como bueno o malo, satisfactorio o frustrante, seguro o peligroso. Hay dos formas de
comportarse durante esta etapa: conducta oral incorporativa (recibir) y conducta oral agresiva o
sádica (morder o escupir). El modo incorporativo se presenta primero e incluye la estimulación
placentera de la boca por parte de otras personas y de la comida.
Los adultos que han quedado fijados en esta etapa se preocupan excesivamente por las
actividades orales: comer, beber, fumar y besar. Si obtuvieron una gratificación excesiva en la
infancia, su personalidad oral en la edad adulta propenderá a una dependencia y optimismo
exagerados. Como fueron muy consentidos, seguirán dependiendo de otros para gratificar sus
necesidades. En consecuencia, serán muy ingenuos, creerán o se tragarán todo lo que les
dicen y confiarán ciegamente en la gente. Estas personas tienen un tipo de personalidad que
se clasifica como oral pasiva. El segundo tipo de conducta –la oral agresiva u oral sádica– se
presenta durante el doloroso y frustrante brote de los dientes.
A consecuencia de esta experiencia, los infantes ven a la madre con odio y amor. Al final de
cuentas, ella ha sido la responsable de todo lo que sucede en su entorno, de manera que
también lo es del dolor. Las personas que están fijadas en este nivel tienden a un pesimismo,
hostilidad y agresividad excesivos. Suelen discutir mucho y ser sarcásticas; hacen comentarios
mordaces y son crueles con otros. Propenden a sentir envidia y tratan de explotar y manipular
a los demás para dominarlos.
La etapa oral termina con el destete, pero si ha habido fijación, perdura un poco de la libido. A
continuación, el interés del niño se dirige al otro extremo de su cuerpo.
La etapa anal.
En el primer año de vida del infante, la sociedad –personificada por los padres–tiende a ser
deferente con sus necesidades, ajustándose a sus exigencias y esperando ajustes
relativamente pequeños a cambio. La situación se modifica enormemente hacia los 18 meses
de edad, cuando le imponen al niño otra exigencia: el control de esfínteres. Freud creía que
esta experiencia durante la etapa anal tenía un efecto pro-fundo en el desarrollo de la
personalidad.
La defecación produce placer erótico en el niño, pero cuando llega el adiestramiento para que
controle sus esfínteres, debe aprender a posponer o retrasar ese placer. Por primera vez
encuentra una interferencia con la gratificación de un impulso instintivo dado que los padres
tratan de regularla hora y el lugar de la defecación. Como bien sabe todo progenitor, esta
época es de conflicto para todos los interesados. El niño aprende que posee (o es) un arma
que puede usar contra sus padres. Tiene el control de algo y puede optar por cumplir o no con
lo que éstos le piden. Si el adiestramiento para el control de esfínteres no marcha bien –por
ejemplo, si el niño tiene dificultad para aprenderlo o si los padres son demasiado exigentes–, el
niño podría reaccionar de alguna de dos maneras. Una será defecar cuando y donde los
padres no quieren, retando así su intento de regularle.
Si el niño encuentra que esta técnica es satisfactoria para disminuir su frustración y la usa con
frecuencia, podrá desarrollar una personalidad anal agresiva. Según Freud, lo anterior es el ori-
gen de muchas formas de conducta hostil y sádica en la vida adulta, entre otras, la crueldad, la
destructividad y los berrinches. Una persona así probablemente será desordenada y verá a los
demás como objetos que puede poseer. La segunda reacción que podría tener el niño ante la
frustración del adiestra-miento para el control de esfínteres sería aguantarse o retener las
heces. Lo anterior produce un sentimiento de placer erótico (debido a la saturación del intestino
grueso) y puede ser otra técnica eficaz para manipular a los padres. Éstos se preocuparán si el
niño pasa varios días sin defecar.
Así, éste descubre otro método para asegurar la atención y el afecto de sus padres. Este
comportamiento es el origen del desarrollo de una personalidad anal retentiva. Una persona así
será obstinada y avara y acumulará o conservará cosas porque su sentimiento de seguridad
depende de lo que ha ahorrado y posee, así como del orden que mantiene en sus pertenencias
y otros aspectos de la vida. La persona probablemente será rígida, compulsivamente ordenada,
obstinada y demasiado escrupulosa.
La etapa fálica.
Otra serie de problemas se presenta entre el cuarto y quinto año de vida, cuando el punto focal
del placer cambia del ano a los genitales. El niño vuelve a afrontarla batalla entre el impulso del
ello y las exigencias de la sociedad, reflejadas en las expectativas de sus padres. En la etapa
fálica, los niños exhiben gran interés por explorar y manipular los genitales, tanto los propios
como los de sus compañeros de juego. Derivan placer de la zona genital no sólo por medio de
conductas como la masturbación, sino también por medio de fantasías. El niño siente
curiosidad por la forma de nacer y la explicación de por qué los niños tienen pene y las niñas
no. Quizá exprese que se quiere casar con el progenitor del sexo opuesto.
La etapa fálica es la última de las pre-genitales o de la niñez, y los conflictos fálicos son los
más difíciles de resolver. Muchas personas tienen dificultad para aceptarlos porque implican la
noción de incesto, que es un tabú en muchas culturas. Entre los deseos incestuosos y la
masturbación vemos cómo se siembran las semillas del choque, la ira y la supresión en los
padres de un niño típico de cuatro años. Una vez más la realidad y la moral entablan una lucha
contra el malvado ello.
El complejo de Edipo en los varones.
El conflicto principal de la etapa fálica se centra en el deseo inconsciente que el niño siente por
el progenitor del sexo opuesto, el cual va acompañado del deseo inconsciente de reemplazar o
destruir al progenitor del mismo sexo. Uno de los conceptos más conocidos de Freud, el
complejo de Edipo, se debe a su identificación de este conflicto. Este nombre proviene del mito
griego descrito en la tragedia Edipo Rey, de Sófocles, escrita en el siglo V a. de c.
En ella, el joven Edipo, sin saber que se trata de sus progenitores, mata a su padre y se casa
con su madre. El complejo de Edipo no opera igual en los niños y las niñas; Freud desarrolló
más ampliamente la parte masculina del complejo. En él, la madre se convierte en un objeto de
amor para el niño pequeño. Por medio de fantasías y de una conducta abierta, él manifiesta su
deseo sexual por ella. Sin embargo, encuentra que el padre es un obstáculo en su camino, por
lo cual considera que es un rival y una amenaza.
Se da cuenta de que el padre tiene una relación especial con su madre en la cual no se le
permite participar. Por lo tanto, siente celos del padre y es hostil con él. Freud formuló el
concepto del complejo de Edipo partiendo de sus experiencias en la niñez. Escribió al respecto:
“También en mi caso he encontrado amor por la madre y celos contra el padre”. De la mano
con el deseo de reemplazar al padre viene el miedo a que éste se vengue y le dañe.
El niño interpreta su miedo al padre en términos genitales y siente temor de que le corte el
órgano infractor (el pene del niño), que es la fuente de su placer y sus deseos sexuales. Así,
entra en juego lo que Freud llamara ansiedad ante la castración, tal como pudo haber ocurrido
en su niñez. “Hay varios indicios de que [el padre de Freud] ordenó al pequeño Sigmund que
no jugara con sus genitales y que incluso amenazó con castrarlo si seguía haciéndolo.
Otras pruebas que sustentan esta afirmación están en lo que Freud escribió después sobre la
masturbación, donde decía que este tipo de amenazas de los padres son muy frecuentes.
También escribió que en sus sueños de adulto había material relacionado con el miedo a que
su padre lo castrara. Dos hechos más de su niñez quizá reforzaron su miedo a la castración.
Cuando Freud tenía unos tres años, él y su sobrino, en medio de un brusco juego sexual con
su sobrina, descubrieron que ella no tenía pene. Para un niño de esa edad, eso pudo ser
prueba suficiente de que es posible cortar un pene. En opinión de un biógrafo de Freud, “la
amenaza de castración es muy real para un niño judío, porque fácilmente establece una
relación entre la circuncisión ritual y la castración”. Freud confirmó lo anterior en escritos
posteriores.
El niño siente tanto miedo de la castración que se ve obligado a reprimir el de-seo sexual por
su madre. Según Freud, se trataba de una manera de resolver el conflicto de Edipo. El niño
reemplaza el deseo sexual que siente por la madre con un afecto más aceptable y desarrolla
una fuerte identificación con el padre. Al hacerlo, experimenta de manera vicaria cierto grado
de satisfacción sexual. A efecto de aumentar la identificación, procura parecerse más a su
padre adoptando sus peculiaridades, conductas, actitudes y normas del superyó.
El complejo de Edipo en las niñas.
Freud fue menos claro en lo tocante al conflicto fálico de la mujer, que algunos de sus
seguidores llamaron complejo de Electra.
El nombre y el concepto se derivan de otra tragedia de Sófocles, en la cual Electra convence al
hermano de matar a su madre, por la que sentía gran odio. Como en el caso del niño, el primer
objeto de amor de la niña es la madre, porque es la fuente primaria de alimento, afecto y
seguridad durante la infancia. Sin embargo, durante la etapa fálica, el padre se convierte en su
nuevo objeto de amor. ¿A qué se debe este cambio de la madre por el padre? Freud decía que
se debe a la reacción de la niña cuando descubre que los niños tienen pene y las niñas no. La
niña culpa a la madre de su estado supuestamente inferior y por lo mismo empieza a amarla
menos. A veces hasta llega a odiarla por lo que imagina que le hizo. Empieza a envidiar al
padre y le transfiere su amor porque él posee el valioso órgano sexual.
Así pues, la niña siente envidia del pene, la cual es la contraparte de la ansiedad ante la
castración del niño. Ella piensa que se ha quedado sin pene, él tiene miedo de quedarse sin el
suyo. Freud decía que el complejo de Edipo de la mujer jamás se puede resolver del todo y
pensaba que esta situación llevaba a un desarrollo deficiente del superyó en las mujeres.
Escribió que el amor que una mujer adulta siente por un hombre siempre tiene vestigios de la
envidia del pene, pero que la puede compensar en parte cuan-do tiene un hijo varón. Con el
tiempo, la niña se llega a identificar con la madre y reprime su amor por el padre, pero Freud no
aclaró cómo sucede eso.
La personalidad fálica.
Los conflictos de tipo fálico y la medida en que se resuelven contribuyen mucho a determinar
las actitudes y las relaciones del adulto con personas del sexo opuesto. Cuando no se
resuelven bien pueden provocar que persistan algunas formas de ansiedad ante la castración y
la envidia del pene. El tipo de personalidad o carácter fálico presenta un fuerte narcisismo. Si
bien estas personas no cesan de actuar para atraer a las del sexo opuesto, tienen dificultad
para establecer relaciones heterosexuales maduras.
Necesitan del constante reconocimiento y valoración de sus cualidades únicas y atractivas.
Siempre y cuando reciban este apoyo funcionarán bien, pero cuando les falte sentirán que son
inferiores e insuficientes. Freud describió la personalidad fálica masculina como impetuosa,
vanidosa y segura de sí misma. Los varones que tienen esta personalidad tratan de reafirmar o
expresar su masculinidad por medio de actividades como las frecuentes conquistas sexuales.
La personalidad fálica femenina, motivada por la envidia del pene, exagera su feminidad y se
sirve de sus talentos y encanto para abrumar a los hombres y conquistarlos.
El periodo de latencia.
Las tempestades y tensiones de la etapa oral, la anal y la fálica del desarrollo psicosexual son
la amalgama que servirá para dar forma a la mayor parte de la personalidad adulta. Las tres
estructuras básicas de la personalidad –el ello, el yo y el superyó– están formadas alrededor de
los cinco años y la relación entre ellas se está consolidando. Por fortuna, como un descanso
que le vendrá bien al niño y a sus padres, los siguientes cinco o seis años son tranquilos. El
periodo de latencia no es una etapa psicosexual del desarrollo. El instinto sexual está latente y,
temporalmente, se sublima en las actividades escolares, las aficiones y los deportes y en
cultivar amistades con personas del mismo sexo.
La etapa genital.
Este periodo, la última etapa psicosexual del desarrollo, se inicia en la pubertad. El cuerpo está
madurando fisiológicamente y, si no se han presentado fijaciones importantes en una etapa
anterior del desarrollo, la persona podrá llevar una vida normal. Freud pensaba que, en este
periodo, el conflicto es menos intenso que en las etapas anteriores. El adolescente se debe
ajustar a las sanciones y los tabúes que existen en la sociedad en cuanto a la expresión
sexual, pero minimiza el conflicto por medio de la sublimación.
La energía sexual que presiona para encontrar expresión en los años de la adolescencia se
libera, cuando menos en parte, por medio de sustitutos socialmente aceptables y, más
adelante, de una relación adulta seria con una persona del sexo opuesto. El tipo de
personalidad genital encuentra satisfacción en el amor y el trabajo, el cual es una salida
aceptable para la sublimación de los impulsos del ello. Freud subrayó la importancia que los
primeros años de la niñez tienen para de-terminar la personalidad adulta. Según él, los cinco
primeros años son cruciales. Su teoría de la personalidad presta menos atención a la niñez
tardía y a la adolescencia, y tampoco le interesó mucho el desarrollo de la personalidad en la
edad adulta.
Freud pensaba que los conflictos a los que estamos expuestos durante estas etapas del
desarrollo y que debemos afrontar durante nuestra niñez comienzan a moldear nuestra
personalidad, incluso antes de que muchos siquiera hayamos aprendido a hablar, leer, caminar
o tener conciencia, son las que determinaran en un futuro lo que seremos en la adolescencia,
edad adulta, vejez y prácticamente durante el resto de nuestra vida, estas se manifestaran en
nuestra forma de comportarnos, pensar y sentir, es por esto que la teoría del psicoanálisis de
Freud a pesar de ser muy criticada posteriormente fue la impulsora y fuente de inspiración para
muchos autores y sus teorías de la personalidad y esta sigue siendo muy renombrada y
teniendo un gran peso hasta nuestros días.
Referencias:
Etapas psicosexuales.(s/f).Recuperadoel 07de octubre del 2013, de
http://suite101.net/article/etapas-psicosexuales-de-freud-desarrollo-de-la-sexualidad-
a64938#.VO1a1_mUeSo
Etapas psicosexuales de Freud. (2009). Recuperado el 24 de febrero 2014, de
http://www.academia.edu/3632172/Etapas_Psicosexuales_de_Freud

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Etapas psicosexuales-ensayo

  • 1. Victor Hugo RodriguezCruz. Isui Tovar Cortez. Etapas psicosexuales. DTHICS. 10/04/2015. ETAPAS PSICOSEXUALES DEL DESARROLLO. Las primeras relaciones únicas que tenemos de niños con distintas personas y objetos hacen que desarrollemos un conjunto personal de atributos del carácter, un patrón congruente de conducta que nos define a cada uno como individuo. El tipo singular de carácter de la persona se desarrolla en la niñez, principal-mente por medio de las interacciones entre padres e hijos. Él menor trata de obtener el mayor placer posible satisfaciendo las exigencias del ello, mientras sus padres, como representantes de la sociedad, procuran imponerle las exigencias de la realidad y de la moral. Freud consideraba que las experiencias de la niñez eran tan importantes que decía que, para el quinto año de vida del niño, su personalidad de adulto estaba firmemente configurada y cristalizada. Los recuerdos de su niñez y los que le confiaban los pacientes adultos lo convencieron de que estos primeros años eran cruciales. Mientras sus pacientes yacían en el diván del psicoanálisis, invariable-mente se remontaban a esa etapa de su vida. Así, Freud se fue dando cuenta de quela neurosis de los adultos se había formado en sus primeros años de existencia. Freud advirtió fuertes conflictos sexuales en el infante y en el niño de corta edad, los cuales al parecer giraban en torno a ciertas regiones del cuerpo. Notó que, en distintas edades, cada una adquiría mayor importancia como centro de conflicto. Basándose en estas observaciones, elaboró la teoría de las etapas psicosexuales del desarrollo. Etapas psicosexuales del desarrollo: Cada una se ve definida por una zona erógena del cuerpo. En cada una existe un conflicto que se debe resolver para que el infante o el niño puedan avanzar a la siguiente. A veces, la persona es renuente o incapaz de pasar de una etapa a otra porque no ha resuelto el conflicto o porque las necesidades han sido satisfechas tan bien por un progenitor indulgente que el niño no quiere avanzar a la siguiente. En ambos casos se dice que el individuo está fijado a esa etapa del desarrollo. En la fijación una parte de la libido o energía psíquica permanece invertida en esa fase del desarrollo, dejando menos energía disponible para las siguientes. El impulso sexual del infante es central para la teoría psicosexual. Freud escandalizó a sus colegas y al público general cuando afirmó que los impulsos sexuales motivan a los infantes. Sin embargo, recuerde que él no definía el sexo en términos estrechos. Pensaba que el pequeño siente el impulso de obtener una forma difusa de placer corporal que se deriva de la boca, el ano y los genitales, o sea las zonas erógenas que definen las etapas del desarrollo durante los primeros cinco años de vida
  • 2. La etapa oral. La etapa oral es la primera del desarrollo psicosexual y abarca del nacimiento a algún punto del segundo año de vida. En este periodo, la principal fuente de placer del infante es la boca. Éste obtiene placer al succionar, morder y deglutir. Por supuesto que la boca cumple una función de supervivencia (para ingerir alimentos y agua), pero Freud hizo hincapié en la satisfacción erótica que se deriva de las actividades orales. El infante se encuentra en un estado de dependencia de la madre o la cuidadora, quienes se convierten en el objeto primario de su libido. En términos menos formales, podríamos decir que está aprendiendo, de modo primitivo, a amar a la madre. La respuesta de ésta a sus exigencias, que en esta época son exclusivamente las del ello, determinará la naturaleza del pequeño mundo del bebé. El infante aprende de ella a percibir el mundo como bueno o malo, satisfactorio o frustrante, seguro o peligroso. Hay dos formas de comportarse durante esta etapa: conducta oral incorporativa (recibir) y conducta oral agresiva o sádica (morder o escupir). El modo incorporativo se presenta primero e incluye la estimulación placentera de la boca por parte de otras personas y de la comida. Los adultos que han quedado fijados en esta etapa se preocupan excesivamente por las actividades orales: comer, beber, fumar y besar. Si obtuvieron una gratificación excesiva en la infancia, su personalidad oral en la edad adulta propenderá a una dependencia y optimismo exagerados. Como fueron muy consentidos, seguirán dependiendo de otros para gratificar sus necesidades. En consecuencia, serán muy ingenuos, creerán o se tragarán todo lo que les dicen y confiarán ciegamente en la gente. Estas personas tienen un tipo de personalidad que se clasifica como oral pasiva. El segundo tipo de conducta –la oral agresiva u oral sádica– se presenta durante el doloroso y frustrante brote de los dientes. A consecuencia de esta experiencia, los infantes ven a la madre con odio y amor. Al final de cuentas, ella ha sido la responsable de todo lo que sucede en su entorno, de manera que también lo es del dolor. Las personas que están fijadas en este nivel tienden a un pesimismo, hostilidad y agresividad excesivos. Suelen discutir mucho y ser sarcásticas; hacen comentarios mordaces y son crueles con otros. Propenden a sentir envidia y tratan de explotar y manipular a los demás para dominarlos. La etapa oral termina con el destete, pero si ha habido fijación, perdura un poco de la libido. A continuación, el interés del niño se dirige al otro extremo de su cuerpo. La etapa anal. En el primer año de vida del infante, la sociedad –personificada por los padres–tiende a ser deferente con sus necesidades, ajustándose a sus exigencias y esperando ajustes relativamente pequeños a cambio. La situación se modifica enormemente hacia los 18 meses de edad, cuando le imponen al niño otra exigencia: el control de esfínteres. Freud creía que esta experiencia durante la etapa anal tenía un efecto pro-fundo en el desarrollo de la personalidad. La defecación produce placer erótico en el niño, pero cuando llega el adiestramiento para que controle sus esfínteres, debe aprender a posponer o retrasar ese placer. Por primera vez encuentra una interferencia con la gratificación de un impulso instintivo dado que los padres tratan de regularla hora y el lugar de la defecación. Como bien sabe todo progenitor, esta época es de conflicto para todos los interesados. El niño aprende que posee (o es) un arma que puede usar contra sus padres. Tiene el control de algo y puede optar por cumplir o no con lo que éstos le piden. Si el adiestramiento para el control de esfínteres no marcha bien –por
  • 3. ejemplo, si el niño tiene dificultad para aprenderlo o si los padres son demasiado exigentes–, el niño podría reaccionar de alguna de dos maneras. Una será defecar cuando y donde los padres no quieren, retando así su intento de regularle. Si el niño encuentra que esta técnica es satisfactoria para disminuir su frustración y la usa con frecuencia, podrá desarrollar una personalidad anal agresiva. Según Freud, lo anterior es el ori- gen de muchas formas de conducta hostil y sádica en la vida adulta, entre otras, la crueldad, la destructividad y los berrinches. Una persona así probablemente será desordenada y verá a los demás como objetos que puede poseer. La segunda reacción que podría tener el niño ante la frustración del adiestra-miento para el control de esfínteres sería aguantarse o retener las heces. Lo anterior produce un sentimiento de placer erótico (debido a la saturación del intestino grueso) y puede ser otra técnica eficaz para manipular a los padres. Éstos se preocuparán si el niño pasa varios días sin defecar. Así, éste descubre otro método para asegurar la atención y el afecto de sus padres. Este comportamiento es el origen del desarrollo de una personalidad anal retentiva. Una persona así será obstinada y avara y acumulará o conservará cosas porque su sentimiento de seguridad depende de lo que ha ahorrado y posee, así como del orden que mantiene en sus pertenencias y otros aspectos de la vida. La persona probablemente será rígida, compulsivamente ordenada, obstinada y demasiado escrupulosa. La etapa fálica. Otra serie de problemas se presenta entre el cuarto y quinto año de vida, cuando el punto focal del placer cambia del ano a los genitales. El niño vuelve a afrontarla batalla entre el impulso del ello y las exigencias de la sociedad, reflejadas en las expectativas de sus padres. En la etapa fálica, los niños exhiben gran interés por explorar y manipular los genitales, tanto los propios como los de sus compañeros de juego. Derivan placer de la zona genital no sólo por medio de conductas como la masturbación, sino también por medio de fantasías. El niño siente curiosidad por la forma de nacer y la explicación de por qué los niños tienen pene y las niñas no. Quizá exprese que se quiere casar con el progenitor del sexo opuesto. La etapa fálica es la última de las pre-genitales o de la niñez, y los conflictos fálicos son los más difíciles de resolver. Muchas personas tienen dificultad para aceptarlos porque implican la noción de incesto, que es un tabú en muchas culturas. Entre los deseos incestuosos y la masturbación vemos cómo se siembran las semillas del choque, la ira y la supresión en los padres de un niño típico de cuatro años. Una vez más la realidad y la moral entablan una lucha contra el malvado ello. El complejo de Edipo en los varones. El conflicto principal de la etapa fálica se centra en el deseo inconsciente que el niño siente por el progenitor del sexo opuesto, el cual va acompañado del deseo inconsciente de reemplazar o destruir al progenitor del mismo sexo. Uno de los conceptos más conocidos de Freud, el complejo de Edipo, se debe a su identificación de este conflicto. Este nombre proviene del mito griego descrito en la tragedia Edipo Rey, de Sófocles, escrita en el siglo V a. de c.
  • 4. En ella, el joven Edipo, sin saber que se trata de sus progenitores, mata a su padre y se casa con su madre. El complejo de Edipo no opera igual en los niños y las niñas; Freud desarrolló más ampliamente la parte masculina del complejo. En él, la madre se convierte en un objeto de amor para el niño pequeño. Por medio de fantasías y de una conducta abierta, él manifiesta su deseo sexual por ella. Sin embargo, encuentra que el padre es un obstáculo en su camino, por lo cual considera que es un rival y una amenaza. Se da cuenta de que el padre tiene una relación especial con su madre en la cual no se le permite participar. Por lo tanto, siente celos del padre y es hostil con él. Freud formuló el concepto del complejo de Edipo partiendo de sus experiencias en la niñez. Escribió al respecto: “También en mi caso he encontrado amor por la madre y celos contra el padre”. De la mano con el deseo de reemplazar al padre viene el miedo a que éste se vengue y le dañe. El niño interpreta su miedo al padre en términos genitales y siente temor de que le corte el órgano infractor (el pene del niño), que es la fuente de su placer y sus deseos sexuales. Así, entra en juego lo que Freud llamara ansiedad ante la castración, tal como pudo haber ocurrido en su niñez. “Hay varios indicios de que [el padre de Freud] ordenó al pequeño Sigmund que no jugara con sus genitales y que incluso amenazó con castrarlo si seguía haciéndolo. Otras pruebas que sustentan esta afirmación están en lo que Freud escribió después sobre la masturbación, donde decía que este tipo de amenazas de los padres son muy frecuentes. También escribió que en sus sueños de adulto había material relacionado con el miedo a que su padre lo castrara. Dos hechos más de su niñez quizá reforzaron su miedo a la castración. Cuando Freud tenía unos tres años, él y su sobrino, en medio de un brusco juego sexual con su sobrina, descubrieron que ella no tenía pene. Para un niño de esa edad, eso pudo ser prueba suficiente de que es posible cortar un pene. En opinión de un biógrafo de Freud, “la amenaza de castración es muy real para un niño judío, porque fácilmente establece una relación entre la circuncisión ritual y la castración”. Freud confirmó lo anterior en escritos posteriores. El niño siente tanto miedo de la castración que se ve obligado a reprimir el de-seo sexual por su madre. Según Freud, se trataba de una manera de resolver el conflicto de Edipo. El niño reemplaza el deseo sexual que siente por la madre con un afecto más aceptable y desarrolla una fuerte identificación con el padre. Al hacerlo, experimenta de manera vicaria cierto grado de satisfacción sexual. A efecto de aumentar la identificación, procura parecerse más a su padre adoptando sus peculiaridades, conductas, actitudes y normas del superyó. El complejo de Edipo en las niñas. Freud fue menos claro en lo tocante al conflicto fálico de la mujer, que algunos de sus seguidores llamaron complejo de Electra. El nombre y el concepto se derivan de otra tragedia de Sófocles, en la cual Electra convence al hermano de matar a su madre, por la que sentía gran odio. Como en el caso del niño, el primer objeto de amor de la niña es la madre, porque es la fuente primaria de alimento, afecto y seguridad durante la infancia. Sin embargo, durante la etapa fálica, el padre se convierte en su nuevo objeto de amor. ¿A qué se debe este cambio de la madre por el padre? Freud decía que se debe a la reacción de la niña cuando descubre que los niños tienen pene y las niñas no. La niña culpa a la madre de su estado supuestamente inferior y por lo mismo empieza a amarla menos. A veces hasta llega a odiarla por lo que imagina que le hizo. Empieza a envidiar al padre y le transfiere su amor porque él posee el valioso órgano sexual.
  • 5. Así pues, la niña siente envidia del pene, la cual es la contraparte de la ansiedad ante la castración del niño. Ella piensa que se ha quedado sin pene, él tiene miedo de quedarse sin el suyo. Freud decía que el complejo de Edipo de la mujer jamás se puede resolver del todo y pensaba que esta situación llevaba a un desarrollo deficiente del superyó en las mujeres. Escribió que el amor que una mujer adulta siente por un hombre siempre tiene vestigios de la envidia del pene, pero que la puede compensar en parte cuan-do tiene un hijo varón. Con el tiempo, la niña se llega a identificar con la madre y reprime su amor por el padre, pero Freud no aclaró cómo sucede eso. La personalidad fálica. Los conflictos de tipo fálico y la medida en que se resuelven contribuyen mucho a determinar las actitudes y las relaciones del adulto con personas del sexo opuesto. Cuando no se resuelven bien pueden provocar que persistan algunas formas de ansiedad ante la castración y la envidia del pene. El tipo de personalidad o carácter fálico presenta un fuerte narcisismo. Si bien estas personas no cesan de actuar para atraer a las del sexo opuesto, tienen dificultad para establecer relaciones heterosexuales maduras. Necesitan del constante reconocimiento y valoración de sus cualidades únicas y atractivas. Siempre y cuando reciban este apoyo funcionarán bien, pero cuando les falte sentirán que son inferiores e insuficientes. Freud describió la personalidad fálica masculina como impetuosa, vanidosa y segura de sí misma. Los varones que tienen esta personalidad tratan de reafirmar o expresar su masculinidad por medio de actividades como las frecuentes conquistas sexuales. La personalidad fálica femenina, motivada por la envidia del pene, exagera su feminidad y se sirve de sus talentos y encanto para abrumar a los hombres y conquistarlos. El periodo de latencia. Las tempestades y tensiones de la etapa oral, la anal y la fálica del desarrollo psicosexual son la amalgama que servirá para dar forma a la mayor parte de la personalidad adulta. Las tres estructuras básicas de la personalidad –el ello, el yo y el superyó– están formadas alrededor de los cinco años y la relación entre ellas se está consolidando. Por fortuna, como un descanso que le vendrá bien al niño y a sus padres, los siguientes cinco o seis años son tranquilos. El periodo de latencia no es una etapa psicosexual del desarrollo. El instinto sexual está latente y, temporalmente, se sublima en las actividades escolares, las aficiones y los deportes y en cultivar amistades con personas del mismo sexo. La etapa genital. Este periodo, la última etapa psicosexual del desarrollo, se inicia en la pubertad. El cuerpo está madurando fisiológicamente y, si no se han presentado fijaciones importantes en una etapa anterior del desarrollo, la persona podrá llevar una vida normal. Freud pensaba que, en este periodo, el conflicto es menos intenso que en las etapas anteriores. El adolescente se debe ajustar a las sanciones y los tabúes que existen en la sociedad en cuanto a la expresión sexual, pero minimiza el conflicto por medio de la sublimación.
  • 6. La energía sexual que presiona para encontrar expresión en los años de la adolescencia se libera, cuando menos en parte, por medio de sustitutos socialmente aceptables y, más adelante, de una relación adulta seria con una persona del sexo opuesto. El tipo de personalidad genital encuentra satisfacción en el amor y el trabajo, el cual es una salida aceptable para la sublimación de los impulsos del ello. Freud subrayó la importancia que los primeros años de la niñez tienen para de-terminar la personalidad adulta. Según él, los cinco primeros años son cruciales. Su teoría de la personalidad presta menos atención a la niñez tardía y a la adolescencia, y tampoco le interesó mucho el desarrollo de la personalidad en la edad adulta. Freud pensaba que los conflictos a los que estamos expuestos durante estas etapas del desarrollo y que debemos afrontar durante nuestra niñez comienzan a moldear nuestra personalidad, incluso antes de que muchos siquiera hayamos aprendido a hablar, leer, caminar o tener conciencia, son las que determinaran en un futuro lo que seremos en la adolescencia, edad adulta, vejez y prácticamente durante el resto de nuestra vida, estas se manifestaran en nuestra forma de comportarnos, pensar y sentir, es por esto que la teoría del psicoanálisis de Freud a pesar de ser muy criticada posteriormente fue la impulsora y fuente de inspiración para muchos autores y sus teorías de la personalidad y esta sigue siendo muy renombrada y teniendo un gran peso hasta nuestros días. Referencias: Etapas psicosexuales.(s/f).Recuperadoel 07de octubre del 2013, de http://suite101.net/article/etapas-psicosexuales-de-freud-desarrollo-de-la-sexualidad- a64938#.VO1a1_mUeSo Etapas psicosexuales de Freud. (2009). Recuperado el 24 de febrero 2014, de http://www.academia.edu/3632172/Etapas_Psicosexuales_de_Freud