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Juana Corrales,  es una niña que observa desde su ventana todo Io que
ocurre en la Plaza Caicedo.  Muchas personas llaman ...
Albeiro Echavarría

Ilustraciones Jenny Moreno
A Gladys Ecriavarria, 
una mujer valiente y luchadora. 

Debajo de la palma más alta de la plaza

de Caicedo se instalaba ...
El caso es que Maximiliano Cortez era
un vendedor de sombrillas.  Y fuera
que cayeran torrenciales aguaceros
o se derritie...
Maximiliano siempre hacía sus ofrecimientos
a caminantes solitarios,  Y a sus clientes
parecia no gustarles que los vieran...
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Ahí se quedaron las dos hablando un buen rato.  Riendo y
contándose cosas como nunca lo habían hecho.  A la semana
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Juana decidió seguirle los pasos a Maximiliano. 
Al salir del hueco se encontró en un túnel muy

oscuro que desembocaba en...
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El vendedor de sombrillas

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El vendedor de sombrillas

  1. 1. Juana Corrales, es una niña que observa desde su ventana todo Io que ocurre en la Plaza Caicedo. Muchas personas llaman su atención pero hay una en especial que la tiene muy intrigada: un ¡aven vendedor de sombri- llas, quien misteriosamente escoge a sus compradores y en el momento de entregorles la sombrilla siempre les dice algo al oido. Juana se ingenio mil maneras para ser una de sus compradores y descubrir asi el secre— to ¿Crees que lo logró? ¿Cual sera el secreto del vendedor de sombrillas? Descúbrelo al leer este libro Albeiro Echevarría. Colombiana, periodista y escritor de literatura infantil y iuvenil. Se ha desempeñado como director de noticieros, nacionales e internacionales. Sus novelas y cuentos han sido varias veces finalistas de Premios de Literatura Infantil y Juvenil, Su libro El manuscrito de Fermat o El Gran Secreto, lue finalisto del Premio Barco de Vapor en el año 2013 Esta radicado en Cali desde el año 2006 y su tiempo lo dedica a pensar en los niños y ¡óvenes para escribir historias, cuentos y novelas, que les lleguen al alma, que los llenen de intriga, que les permita soñar e imaginar sin olvidar la realidad Pero Io que busca con sus obras es que sus lectores gocen y disfruten al leerlos —í. c_ 3 Elvendedor y de sombrillas Albeiro Echavarria Ilustraciones Jenny Moreno
  2. 2. Albeiro Echavarría Ilustraciones Jenny Moreno
  3. 3. A Gladys Ecriavarria, una mujer valiente y luchadora. Debajo de la palma más alta de la plaza de Caicedo se instalaba todas las tardes Maximiliano Cortez. Lo que aljoven le faltaba en gracia —a excepción del lunar coqueto que tenia cerca de la nariz- le sobraba en simpatía. Era de gran corazón y dueño de una imaginación que superaba con creces el tamaño de su larguirucho y escuálido cuerpo. A juzgar por su extrema delgadez, debia soportar penurias. Aunque por su cara —reflexiva y a veces picarona—— podría uno pensar que se trataba de un comediante.
  4. 4. El caso es que Maximiliano Cortez era un vendedor de sombrillas. Y fuera que cayeran torrenciales aguaceros o se derritiera el pavimento de tanto calor, Maximiliano siempre tenia una excusa para vender sus sombrillas. —Cómprame esta sombrilla y no te faltará una sonrisa —decia al paso de un señor malencarado. —Cómprame esta sombrilla y serás dueña de tu propia villa —auguraba cuando veia cerca a una señora con aspecto de no tener ni para el desayuno. Algunas personas a las que él ofrecía sus sombrillas no parecian hacerle caso, pero antes de salir de la plaza lo pensaban dos veces y terminaban por devolverse -—como el señor mal encarado— o regresaban más tarde con los cinco mil pesos que costaba la sombrilla, para el caso de la señora desplatada.
  5. 5. Maximiliano siempre hacía sus ofrecimientos a caminantes solitarios, Y a sus clientes parecia no gustarles que los vieran dejándose tentar por lo que podría ser visto como un embuste de vendedor callejero. Asi que la venta de las sombrillas parecia un negocio clandestino a plena luz del dia. Maximiliano parecia escoger a sus clientes con la mirada: siempre llegaba a las dos de la tarde con tres sombrillas y se iba a las cinco de la tarde con quince mil pesos en el bolsillo. Eljoven caminaba varias cuadras hasta llegar a la calle de La Escopeta donde desaparecia misteriosamente.
  6. 6. En una esquina de la plaza Caicedo vivia Juana Corrales, en un edificio tan estrecho que había que caminar de lado para pasar de la cocina a la alcoba y de la alcoba al baño. Después de hacer sus tareas en completa soledad porque su madre permanecía pocas veces en casa, Juana se instalaba en la ventana y lo observaba todo mientras Vampiro —un gato que odiaba salir a la calle— ronroneaba a su lado. Casi nada escapaba al escrutinio que hacía Juana Corrales de lo que acontecia en la plaza Caicedo: la niña que lloraba porque el viento le había robado una bomba; la señora que vendía agua bendita; las dos señoras que discutían —siempre los martes- en presencia de un policía de bolillo fosforescente; la misteriosa señora vestida de negro que pasaba todos los días en tacones altos y con guantes hasta los codos arrastrando un costal en cuyo interior algo se movía, o la pareja de enamorados que se veian a las cuatro al pie de una fuente sin agua para darse un beso que duraba exactamente cinco minutos.
  7. 7. Juana había visto de todo en la plaza, desde niños que robaban carteras hasta ancianos que repartian bendiciones. Pero lo que mantenía su mente ocupada era la extraña actitud del vendedor de sombrillas, en el cual reparó desde el mismo día en que lo vio aparecer en la plaza. Lo que más llamó su atención fue que ninguna de las personas a las que Maximiliano se dirigía dejaba de comprar la sombrilla, y que cuando pagaban Maximiliano les hablaba al oído ¿Qué les decía? ¡Vaya uno a saberlo! Un día Juana no soportó tanto misterio. Bajó a la plaza y se escondió detrás de un árbol, cerca de la palma donde estaba Maximiliano. A esa hora ya eljoven había vendido una sombrilla. Al paso de un señor barrigón, Maximiliano dijo: —Cómprame esta sombrilla y tendrás una mujer de maravilla.
  8. 8. Al rato, cuando tropezó con él una señora que se limpiaba las lágrimas con una servilleta, Maximiliano exclamó: —Cómprame esta sombrilla y nadie te moverá de la silla. Por más esfuerzo que hizo, Juana no pudo escuchar lo que Maximiliano le dijo a esas personas al oído después de que compraban las sombrillas, pero ella se imaginó que era alguna fórmula secreta para que funcionara el conjuro.
  9. 9. Al otro día volvió a espiar detrás del árboly hasta se aproxima a la palma, parando el oído cuando Maximiliano le vendía la sombrilla a una monja de hábito amarillo ¡Nada pudo escuchar! Entonces, Juana esperó hasta que vendiera la última sombrilla y decidió seguir a Maximiliano hasta su casa para ver si descubría algo. Al llegar a la calle de La Escopeta, el vendedor de sombrillas desapareció como por arte de magia. A Juana le dio miedo y corrió para su casa. Ese día Juana Corrales le pidió a su madre que le diera cinco mil pesos para comprarle una sombrilla al muchacho que se hacía debajo de la palma. A su madre le pareció que era un capricho y le respondió que tal vez —si es que entonces tenía dinero— se la regalaría en el cumpleaños. Como para ese día faltaban once meses, Juana empezó a ahorrar de sus mesadas hasta que completó los cinco mil pesos.
  10. 10. ir, l ¡a ll, Un día de Abril Juana esperó a que Maximiliano vendiera una sombrilla a un joven que tenia cara de anciano y mirada de preocupación. —Cómprame esta sombrilla y pronto viajarás a Sevilla- había dicho Maximiliano. Juana esperó un buen rato y después se acercó al vendedor. ¿»sx 6 liz é á Éste permaneció quieto como la estatua de Joaquín Caicedo en mitad de la plaza. Juana se alejó y volvió a pasar en frente de él como hacían las demás personas ¡Nada! ¡Maximiliano no le ofrecía sus sombrillas! Entonces Juana se acercó enojada y le pidió que le vendiera una sombrilla, Maximiliano la miró con dulzura pero no dijo ni mu. Ofendida, Juana se fue para su casa y se puso a llorar.
  11. 11. Un tiempo después —como a los quince días- cayó un aguacero que inundó muchas calles. Su madre, que siempre llegaba alrededor de las seis, tardó mucho en aparecer. Juana pensó que algo malo le había ocurrido. Muerta de la angustia, se sentó en la cama a esperar. Cuando dejó de llover, a la una de la madrugada, sintió que se abría la puerta. Magdalena llegó tiritando, mojada de pies a cabeza, con un tinte verde que le cubría toda la cara, y con unos alambres en la mano. De inmediato Juana se dio cuenta de que algo extraño le había ocurrido. Su madre se secó el cuerpo, se cambió de ropa y puso a calentar una buena porción de café.
  12. 12. Cuando ya estuvo cómoda y le volvió el calor a todo el cuerpo, Magdalena se sentó a su lado y le dijo: —Vas a creer que estoy loca, Ayer, después del almuerzo, se me hizo tarde para ir al trabajo, Atravesé la plaza para alcanzar un taxi al otro lado de la calle. De pronto escuché que ese muchacho, el que vende las sombrillas, se dirigía a mi. Lo miré y me dijo: —Cómprame esta sombrilla y harás feliz a tu niña. Lo dijo de una manera tan especial, tan convincente, que no sé cómo explicar. El caso es que, a pesar del afán que llevaba, me dio el impulso de comprarla para traértela de sorpresa. Saqué los cinco mil pesos que él me dijo que costaba y entonces me dijo al oido: —Debes abrirla en el próximo aguacero, " pase lo que pase debes caminar con la sombrilla abierta hasta que pase el chaparrón, Camina y no te detengas; entonces se cumplirá mi promesa. Fx .3‘), 1h
  13. 13. Yo cogí la sombrilla y me la llevé para la oficina. ¿Viste que hoy empezó a llover como a las tres? Pues apenas cayeron las primeras gotas le pedi’ permiso a mijefe y salí a la calle. Abrí la sombrilla y ¿Sabes lo que ocurrió? La sombrilla empezó a derretirse ¡Era de papel! Recordé entonces lo que me había dicho ese muchacho: "pase lo que pase debes caminar con la sombrilla abierta hasta que pase el chaparrón". Entonces seguí caminando. V eso es lo que he hecho toda la tarde y toda la noche. He caminado por la ciudad como una loca, sosteniendo estos alambres hasta hace poco que escampó. —¿Y eso fue todo? —preguntó Juana. —No, eso no es todo. ¿Sabes una cosa? No había caminado bajo la lluvia desde que era una niña. rx 122 Fue muy extraño sentir el agua corriendo a borbotones por mis mejillas y ver cómo mi ropa se iba haciendo más pesada a medida que pasaban las horas. Me miré en una vitrina y vi que mi rostro estaba cubierto de ese tinte verde. ¿Ves que todavía no se me quita del todo? No me sentía cansada; no tenía rabia, tampoco me parecia que estuviera haciendo una locura: ¡Estaba feliz! ¡Si me hubieras visto saltando sobre los charcos! ¡Si me hubieras visto arrimándome a un bajante de agua para mojarme más de lo que estaba! ¿Sabes qué pensé mientras daba vueltas y vueltas por ahí? Que tengo que ser muy boba para creer que una lluvia pueda matarme de una pulmonía ¡De lo que me he perdido todo este tiempo por achacosa!
  14. 14. Ahí se quedaron las dos hablando un buen rato. Riendo y contándose cosas como nunca lo habían hecho. A la semana siguiente Magdalena cambió de trabajo. Encontró uno de medio tiempo ¡Y hasta le pagaban mejor! De esa manera le quedaron las , tardes libres para dedicárselas por completo a su hija Juana. I La niña fue un dia a darle las gracias a Maximiliano pero cuando llegó a la plaza, éste ya se iba. Corrió detrás de él pero no pudo ‘ darle alcance. Al llegar a la calle de La Escopeta, pudo observar j que Maximiliano desaparecia por un hueco abierto en la base de una pared de bahareque. n
  15. 15. Juana decidió seguirle los pasos a Maximiliano. Al salir del hueco se encontró en un túnel muy oscuro que desembocaba en un callejón maloliente, lleno de pordioseros. Juana vio a Maximiliano cuando éste se acercaba a una fogata y se ponía a conversar con una señora de gorro azul y vestido color mugre. Juana corrió hacia él y lo abrazó. —¿Qué haces aqui, muchacha? —preguntó Maximiliano, sorprendido de ver a la niña- Este no es un lugar para ti ¡Vamos te llevo a tu casa! Los dos salieron a la calle de La Escopeta, y mientras caminaban hacia la plaza, Juana le preguntó: —¿Cómo es que tus sombrillas pueden hacer milagros para los demás mientras que tu vives en ese sitio tan horrible? —¿Y qué te hace pensar que busco un milagro para mi? —respondió Maximiliano a modo de pregunta— Evaristo, el reciclador de basura, 26 me consigue los alambres. Anastasia, con la que me viste hablando, es buena para ensamblar las sombrillas, y otro señor al que llaman Emperador, me vende el papel, la tinta y la goma. De los cinco mil pesos que cobro por una sombrilla, tres mil se quedan con ellos. —¡Ah! —exclamó ]uana—— ¿Y por que la lluvia hace cosas tan buenas? —Puede ser porque el agua es lo más redentor que existe. Cae a la tierra y vuelve a subir al cielo y regresa llenándolo todo de vida. —¡Ah! —volvió a exclamar ]uana— ¿Y cómo haces para saber quién necesita un chaparrón? —¡Cosas de magia! respondió Maximiliano guiñando un ojo. No, mentiras, Sólo me limito a observar. Hasta por el caminado, adivino quién lo necesita. Pero muchacha ¿cómo pretendes que te revele todos mis secretos de profesión? “27
  16. 16. —No te vayas a poner bravo, Yo solo quiero darte las gracias porque ahora soy muy feliz. En la puerta del edificio los dos se despidieron como buenos amigos, Al otro día Maximiliano no se apareció por la plaza. La verdad fue que nunca más volvió por allí. Juana lo extrañó, pero no tuvo mucho tiempo de lamentar su partida ya que su madre se encargo de entrenenerla. Vampiro, ronroneando como siempre, terminó de apoderarse de aquella ventana. Fin ¿“za
  17. 17. Desde niño, cuando leí las aventuras de Sandokan escritas por Emilio Salgari, supe que ¡ba a ser escritor. Vivía en Yarumal, un pueblo montañoso y frío. Allí crecí y terminé el bachillerato. Pasado el tiempo, después de haber sido periodista, empecé a escribir para los niños y para losjóvenes. Ese tono de aventura, de misterio y de suspenso que encontré en mis primeras lecturas, ha impregnado todos mis libros, más de veinte que he escrito hasta el momento, muchos de los cuales podés encontrar en www. a|beiroechavarriacom Tengo una esposa, Carolina, y dos hijos, Juana y Jacobo, que me hacen muy feliz. Nací entre los discos de mi papa’, los dibujos de mi mamá y unos cuantos libros de mi hermana. Empecé a dibujar cuando vía mi mamá hacerlo con tanta facilidad, especialmente para terminar mis tareas. Me encanta ilustrar porque los dibujos fueron mis primeras lecturas y si no hubiesen estado allí, no habría sido tan facil acercarme a las palabras. Contrario al dicho popular que nos hace creer que una imagen dice más que mil palabras, yo creo que sin palabras no hay imágenes y es por eso, que quiero que disfrutes tanto el texto como las ilustraciones. Son amigas inseparables y las dos hacen maravillas en la imaginación de quién en este momento nos lee. wwwjennimorxtumbln com
  18. 18. oEduc-r Editors: 5A. 2015 Gerencia ofllbollnl: Patricia Camacho Lnnaona - oir-colon odlterlllz Voiandu Correa! Lopez un mación y clriwla: Jmny Moreno Curvas - llunrlclon Jenny Morena Cortés Produccion: cunas Lap»: Oialora > mula Iglnll: El von words sombrillas oAihaim Edilvlm 2015 1' edición, 2015 - ‘Impresión, ociubm 2015 isa» (Ilbm) 91s 95s os 1556 9 - ISBN (coleccion) 97a 95a s15 54s 6 Depállw layil: en lrámllc. Amoplsia Medellin Km 3,4 vla angels-einem. Cemm Empresarial Metropolitano, Edificio CEN Pisa 4°. Talelonn: 8764300. supera D. c., colomaiu wwwmducnnenncco Todos las derecho: reach/ nina, Prohibida la reproducción lalala parcial de ¡sin obra por cualquier medio sin aulorízaclón plvvïfl y por ¡solito de! armar. Impmo en Colombia Impmo pnr Editorial Damn uan.

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