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Joseph A. Tetlow. Ejercicios Espirituales siglo XX

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Joseph A. Tetlow. Ejercicios Espirituales siglo XX

  1. 1. La Tradición Apostólica Los Ejercicios Espirituales en el Siglo XX Joseph A. Tetlow, S.J. http://www.acu-adsum.org/ee.siglo.xx.html El Papa Pío XI nombró, en 1922, a San Ignacio de Loyola patrono oficial de los Ejercicios Espirituales en la Iglesia. Y lo hizo porque el santo había sido el primero en enseñar ¡ni método completo y especial para hacer las retiras espirituales. Y durante la primera parte de este siglo ese "método concreto y especial" de los Ejercidas Espirituales era seguido en la mayor parte de los retiros cerrados, así como en muchos de los retiros parroquiales abiertos. Muchos Obispos de todas partes del mundo habían apoyado ese nombramiento, y tenían buenas razones para ello. Porque estaba sucediendo algo nuevo: un gran número de seglares, hombres y mujeres, estaban haciendo los Ejercicios en retiro. Durante muchos años el pueblo había tomado parte en misiones populares y en Ejercicios abiertos en sus parroquias. Solamente los clérigos, seminaristas y religiosos hacían los Ejercicios cerrados. Pero ahora, en la edad del modernismo y de la amenaza del comunismo ateo, los seglares se retiraban para orar. Esto, escribió el Papa, es digno de una mención especial. Quizás ahora no nos llame tanto la atención, cuando se invita a todos, ricos y pobres, cultos y analfabetos, a hacer los Ejercicios Espirituales; pero lo era entonces. Así mismo era sorprendente el número cada vez mayor de seglares que hacían los Ejercicios. Originado en el Norte de Europa, comenzaba un movimiento en favor de los Ejercicios. Los jesuitas, por ejemplo, habían comenzado a dar Ejercicios en Notre-Dame du Haut-Mont, Francia, en 1890. Veinte anos después, en 1911, habían ya pasado por la casa casi 36.000 hombres, trabajadores, labradores, artesanos y gentes de negocios. Algunos venían para un día de retiro, otros para dos o tres. Y venían porque los Ejercicios les invitaban a una vida más espiritual. Pero al salir, como escribía un ejercitante lleno de buenos deseos, les movía "el deseo de poner remedio a la injusticia y mitigar la opresión". Porque los jesuitas y los que dirigían esos Ejercicios estaban siendo testigos del abandono de la Iglesia por parte de la clase trabajadora de Europa, y sentían muy de cerca el ardiente aliento del comunismo. El movimiento de Ejercicios dejaba tras si casos notables de recristianización de la vida industrial y laboral, aunque quizás no en número suficiente. Los Ejercicios cerrados se extendieron rápidamente desde Europa, y hacia 1921, cuando ya la luz eléctrica se usaba en muchos sitios, aunque la radio todavía no, solamente los jesuitas disponían de ochenta y seis Casas de Ejercicios en todo el mundo: Emmerick en Alemania, Valencia en España, Bergamo en Italia, y otras en Inglaterra, Brasil, la India, Ceilán (hoy Sri Lanka), Filipinas, Canadá. Y en poco tiempo, según un especialista la época, florecerían los Ejercicios en Egipto, Siria, Australia, y Albania, y presentaban un "futuro prometedor" en China. Estos Ejercicios, de uno a treinta días, eran todos predicadas. Y ¿qué significa exactamente "predicados"? Un testigo escribía que los Ejercicios Espirituales se exponen como un "foco central donde converge toda la doctrina Cristiana, o como una lente que da unidad a todas las partes de ella". La experiencia de esos
  2. 2. Ejercicios era la experiencia de la Verdad Eterna, ordenada de forma maravillosa, siempre firme, y dispuesta para ser aplicada a la vida ordinaria en cualquier continente. Esa experiencia producía en algunos casos la renovación de un compromiso personal con Cristo en la Iglesia. Ayudó a miles y miles - que continuaban volviendo año tras año, y enviaban también a sus amigos - a encontrar un sentido a la vida, cuando ya el siglo estaba sufriendo cambios estremecedores: una Guerra Mundial, la Gran Depresión, otra segunda Guerra Mundial, y la Guerra Fría. Cuando se echó el Telón de Acero, los laicos estaban haciendo Ejercicios Espirituales de fin de semana en más de cien Casas jesuitas de Ejercicios. Aparte de estos Ejercicios de fin de semana, el movimiento se había extendido por otros derroteros. Porque desde 1917 el Código de Derecho Canónico exigía que el clero y los religiosos hicieran periódicamente, incluso cada año, retiros espirituales. Muchos ya los estaban haciendo, pero la nueva legislación marcaba períodos de tres, cinco u ocho días, en Casas de Religiosos o Seminarios. Además, y como cosa normal, los jesuitas y varias congregaciones (Religiosas del Cenáculo, por ejemplo), exigían que sus candidatos hicieran los Ejercicios de treinta días. Hacia mediados del siglo estas nuevas circunstancias contribuyeron a que los Ejercicios Espirituales, en forma de Ejercicios predicados, estuvieran floreciendo en todo el mundo. El movimiento de ejercicios alcanzaba sus cotas más altas: en la provincia de Quebec, donde, como muestra típica, las 39 Casas religiosas y diocesanas de Ejercicios recibían unos 100.000 ejercitantes cada año. Mientras que en sustancia los Ejercicios continuaban siendo los mismos, los Ejercicios Espirituales dc tres, cinco, ocho y treinta días se adaptaban, como escribía en 1935 el P. General Ledokowski, "al carácter, condición e incluso a las disposiciones diarias del ejercitante". Esa adaptación era claramente un acierto. Hombres y mujeres, religiosos y laicos, en aran numero, continuaban haciendo los Ejercicios Ignacianos, hasta los tiempos del Concilio Vaticano II. La adaptación aplicaba la indiferencia a los diferentes estados de vida, ofrecía ejemplos apropiados del abrazar la Cruz, presentaba historias de santidad y perfección, que podían encontrar eco en los diferentes grupos. Pero la adaptación nunca tocó la sustancia de lo que se predicaba. Comparando la lista de las tandas ofrecidas en España en 1873 con la lista de las presentadas en Chile en 1935--ambas redactadas por predicadores bien conocidos y estimados&emdash;&emdash; se ve que la materia no había cambiado. Los Ejercitantes sin embargo sí habían cambiado. Junto con el nacimiento de la cultura global, de ciertos individualismos, y de una nueva conciencia de lo nacional y lo étnico, apareció de forma dramática la inculturación de la fe, como ya hizo notar la Congregación General 31 en 1965. Es fácil exagerar esto, pero ya antes hombres y mujeres buscaban ser miembros fieles de la Iglesia Universal. En el último tercio del siglo, esperaban encontrar, como lo expresa un folleto de Puna en 1956, "la realización de nuestro propio yo ". Este "yo propio" debía estar enraizado profundamente en la cultura y en la Iglesia, y expresar la vocación personal dada por Dios. ¿De qué forma podían los Ejercicios Espirituales predicados haberles ayudado a lograr este objetivo?. Los jesuitas se vieron impelidos a estudiar el libro con más detención. ¿Eran las formas prácticas usadas a comienzos del siglo fieles a las directivas de San Ignacio? ¿Eran la única manera de dar y hacer los Ejerc¡cios Espirituales, o había otras? Al irse suscitando las preguntas cada vez con mayor insistencia, las respuestas, conocidas ya por los especialistas, alcanzaron una difusión general. Porque ya desde comienzos de siglo los jesuitas especialistas habían traducido y estudiado los Ejercicios Espirituales. Hacia los años sesenta, publicaciones que habían comenzado veinte o treinta años antes, - "Manresa", "Christus", "The Way" - ya difundían esos conocimientos. Con la libertad que el Concilio le dio, también la
  3. 3. Iglesia adoptó los nuevos modos de estudiar la Escritura, y las nuevas interpretaciones pastorales de la doctrina revelada. Así cambió de forma dramática el conocimiento y la práctica de los Ejercicios Espirituales. Hubo naturalmente que vencer dificultades: era parte del aggiornamento conciliar. La Congregación General 34 situó los "estudios, investigación y experimentación" en este marco de la "encarnación del Evangelio en los nuevos valores que están alcanzando dimensiones mundiales por sus objetivos". Hasta mediados de los años setenta los jesuitas han tomado parte en reuniones extensas y movidas sobre los Ejercicios. Los encargados de las Casas de Ejercicios cayeron en la cuenta de que San Ignacio daba a grupos sus "ejercicios simplificados", pero nunca los Ejercicios Espirituales completos. Quienes deseaban hablar de los más altos ideales, tenían que examinar con mucho cuidado a las personas que solicitaban hacer los Ejercicios. Pero cuando los especialistas hablaban de la necesidad de adaptarse, no estaban descubriendo tierras nuevas. Citaban, por ejemplo, las advertencias, A nataciones, con las que comienza el libro. La última, Anotación 20, describe los Ejercicios de treinta días sin hacer mención de grupos. No habla tampoco de predicarías. Nos presenta a una persona que va a la soledad para orar, y a un director o guía que le ayuda a seleccionar la materia en el libro. El ejercitante (que ora durante los Ejercicios) tiene un propósito serio: ¿Qué quiere Dios de mi? ¿Debo cambiar mi profesión? ¿Cómo debo servir? El director le escucha mucho y dice poco, }~ procurando guardar un equilibrio muy cuidado, "dirige" los Ejercicios. Durante mucho tiempo, y largas reuniones, como la de 160 jesuitas en Loyola en 1966, y la de otros 155 jesuitas de trece naciones en Fordham en 1967, los jesuitas buscaron claridad sobre los ejercicios dirigidos. Y de pronto, a finales de los sesenta, los jesuitas comenzaron a dar los Ejercicios de esta forma, un ejercitante por jesuita. Comenzaron a hacerlo unos pocos, pero enseguida se convirtió en el "movimiento" del final del siglo, como los ejercicios cerrados y predicados lo habían sido en la primera parte del siglo. Los Ejercicios dirigidos se extendieron desde los jesuitas que trabajaban en Roma, en Loyola y en París, hasta los grupos en St Beuno, Gales, a tercerones en Montreal, y a tandas en Guelph, Canadá. Durante los años setenta los directores, por todas las regiones, comenzaron a dar ejercicios unipersonales de treinta y de ocho días. La práctica se incrementó por la presencia de consejeros bien formados, que practicaban un sistema modélico de dirección unipersonal. Fue fomentado también por el creciente deseo que sentían las personas de dirigir su trabajo a la auténtica realización personal. Esta necesidad surgía de la globalización de la cultura, que al mismo tiempo hacia perder importancia al papel tradicional de la familia, del ambiente y del trabajo. La gente veía a diario las apasionadas guerras locales con sus imágenes de torturas inhumanas. Dos tercios de la humanidad fueron testigos del primer paso del hombre en la luna. El telón de acero empezaba a romperse. Todos querían una oportunidad para contar su historia. Y parecía que la mitad del mundo se preguntaba ¿Quién soy yo?. Cuando ya los jesuitas tenían más de doscientas Casas de Ejercicios la mayoría de los fieles necesitaban el método personalizado de hacer los Ejercicios, los Ejercicios dirigidas. La práctica se fue extendiendo en los años setenta. Las religiosas comenzaron enseguida a dirigir Ejercicios, comenzando por las más jóvenes, como fue el caso de la Hermanas de San José de Carondelet. Pronto tuvieron las Casas jesuitas de Ejercicios mujeres entre los ejercitadores, como sucedió en Grand Coteau, Luisiana, y Campion House, Melbourne. Al mismo tiempo que los jesuitas llegaban a conocer el abanico de opciones de Ejercicios que San Ignacio ofrece, también cambiaban las Casas jesuitas de Ejercicios. Ahora son unas 250 en todo el mundo. (Y ese número es en realidad solamente una parte del total, porque muchas casas religiosas, seminarios y
  4. 4. escolasticados, se han convertido en Casas de Ejercicios). El calendario anual de tandas incluye normalmente retiros de fin de semana y de ocho días. Y la mayoría reserva un mes para ejercicios personalizados de treinta días. Algunos reservan más tiempo, porque también hay seglares que escogen estos largos y serios Ejercicios Espirituales buscando la voluntad de Dios. La Casa de Varese, en el Norte de Italia, programa tres meses para Ejercicios de treinta días. Notemos también, que las Casas jesuitas de Ejercicios ofrecen la oportunidad de hacer otra clase de retiro: desde el fin de semana zen hasta una semana de discernimiento, o un día de oración con iconos. Pero ya no existe un retiro modelo, como en 1922. Ni siquiera el retiro dirigido es cosa común. Los ejercicios predicados son raros, pero todavía se ofrecen, juntando una mezcla de predicación y dirección personal: un director habla una o dos veces al día, y los ejercitantes pueden libremente acudir a directores individuales. Algunas Casas, como BodhiZendo de Shembaganur, tienen su especialidad. Una Casa puede ofrecer un fin de semana de oración con el fondo de la doctrina social de la Iglesia, (como lo hace el Centro Jamica para el Desarrollo Religioso) o el Enneagram, como en Mwangaza, Kenia, o Encuentros de Matrimonios, como en Bandra, Mumbai. Otra Casa puede ofrecer una semana sobre el liderazgo religioso, como lo hace el Centro jesuita en Benin, Nigeria. Las Casas jesuitas de Ejercicios, reconociendo que esta diversidad puede poner en peligro su identidad ignaciana, mantienen que su apostolado propio son los Ejercicios Espirituales en cualquiera de sus formas. La Casas de Ejercicios nunca han satisfecho a todos. En estos últimos años del siglo, algunos seglares, tanto hombres como mujeres, no pueden o no quieren, retirarse de su vida ordinaria. Quieren aprender a encontrar a Dios en el desierto de sus negocios y en el trasiego de sus preocupaciones diarias, durante estos años finales del siglo. Esto ha significado un notable cambio en la práctica de los Ejercicios. Conscientes de la situación y conocedores del libro de los Ejercicios, los especialistas de los años setenta han recordado otra de las advertencias introductorias: la Anotación 19. San Ignacio sugiere en ella un forma particular de retiro: Vivir la vida ordinaria, durante el día, y hacer una hora diaria de oración en la mañana. Por la tarde reflexionar sobre el día, preparando la oración del día siguiente. Visitar semanalmente al director o guía. Continuar de esta forma a través de todos los Ejercicios, hasta que se haya logrado el fin propuesto. Pueden así durar un año o mas. Estos han sido llamados los Ejercicios de la Vida Diaria, o Ejercicios según la Anotación 19. Se han extendido &emdash; desde Paris, Montreal y Ausburgo - tan rápidamente como lo hizo el "movimiento" de Ejercicios, a comienzos del siglo. Y es un movimiento de seglares, en sentido más amplio que el movimiento anterior. Los seglares que hacen estos Ejercicios - las Comunidades de Vida Cristiana especialmente - invitan a otros a tomar parte en la experiencia. Y ahora, en las últimas décadas del siglo hay seglares que dirigen a ejercitantes ( clero, religiosos y laicos) a través de los Ejercicios de la Vida Ordinaria. Y avanzando más en esta línea, seglares, hombres y mujeres, normalmente con la colaboración de jesuitas, han elaborado en Río de Janeiro, Gdynia, San Luis, y Madrid, programas que ayudan a cientos de trabajadores, médicos, profesores, constructores y ejecutivos. Los jesuitas y sus colaboradores han desarrollado un material excelente, que ayuda a directores y ejercitantes a seguir fielmente los Ejercicios Espirituales, y que ha sido traducido a diferentes lenguas, en un intercambio mutuo. Entre esas lenguas hay algunas no muy conocidas como el Swahili y el Cebuana. A fines de siglo, el conocimiento tan extendido por el mundo del lenguaje de los Ejercicios, puede de nuevo justificar que se llame a San Ignacio patrono de los Ejercicios. Recordemos: "Discernimiento, encontrar a Dios en todas las cosas, indiferencia, contemplativos en la acción". Los jesuitas han escuchado a la
  5. 5. Congregación General 32 pedir que "el espíritu de los Ejercicios influya en todos los ministerios". De acuerdo con esa norma los Colegios jesuitas han redactado un manual de Pedagogía Ignaciana, y programas para aplicar sus métodos. Los jesuitas que trabajan en el apostolado social, y el equipo que forma el Servicio Jesuita para los Refugiados, han intentado hacer lo mismo, y han buscado en los Ejercicios Espirituales la fuente de su espiritualidad y de su identidad. Por otro lado, Congregaciones religiosas, que se forman a través de los Ejercicios Espirituales, reconocen que su espiritualidad es ignaciana, aunque no jesuita. Quieren que la espiritualidad y la dinámica de los Ejercicios sea elemento central de sus vidas y de sus ministerios. Pero el hecho más sorprendente es que los laicos han adoptado los Ejercicios Espirituales como un apostolado apropiado a la Vida Cristiana, como un buen camino de servir a los demás, sean Católicos, Cristianos o incluso no-Cristianos. Los laicos están muy deseosos de conocer más sobre la espiritualidad y los Ejercicios. En respuesta a este deseo las Casas jesuitas de Ejercicios han organizado cursillos para preparar directores. St. Beuno en Gales y el Centro de Espiritualidad de Salamanca son bien conocidos por esos cursillos, pero hay otros nombres que merecen también citarse: La Escola de Formacao Espiritual en CECREI, San Leopoldo-Brasil, los cursos del Centro de Espiritualidad Ignaciana de Santiago de Chile, y los cursos frecuentes en Bassano del Grappa en Italia, por ejemplo. Los programas en régimen de internado requieren de cuatro meses a un año, mientras que los abiertos llegan a dos o tres años, como el que está en marcha en Seúl, Corea. Finalmente, parece razonable hablar de un nuevo "movimiento" de Ejercicios Espirituales en los finales del siglo. Esta actividad, de crecimiento rápido, ha irrumpido en escena durante los últimos treinta años, el período de una generación, con ejercicios dirigidos, ejercicios de treinta días con elección de estado, con religiosas como directores de ejercicios, con charlas de retiro, con directores seglares de Ejercicios, Ejercicios de la vida diaria, cursillos para formar directores de Ejercicios, congregaciones ignacianas que basan su espiritualidad en los Ejercicios, retiros de un día o de fin de semana, dedicados a temas especiales de espiritualidad, ejercitantes católicos y no-católicos. Todos estos cambios han ido pasando por las Casas de Ejercicios, que se construyeron a principios del siglo. En sus finales han comenzado a convertirse en lo que hoy se llaman Centros de Espiritualidad Ignaciana. En algunos casos estos Centros ya lo han sido desde su comienzos, por ejemplo en Toulouse y en el Condado de Orange en California. Estos Centros son casa y base para un equipo de jesuitas y colegas seglares. Están situados en el centro de grandes ciudades para que sean accesibles con facilidad, y para darse cuenta de lo que el pueblo y sus parroquias necesitan, y de esa forma saber cómo puede ayudarles la espiritualidad de los Ejercicios. Pero la mayoría de las 250 Casas jesuitas de Ejercicios, han dejado de ser meras reliquias de un movimiento ya pasado, y están en trance de convertirse en Centros de Espiritualidad. Han aceptado todas las nuevas actividades que centran hoy la experiencia completa de los Ejercicios Espirituales. El Centro de Espiritualidade Inaciana en Itaici, en el sur de Brasil, puede ser un ejemplo típico. Ofrece retiros de fin de semana, y retiros de ocho y treinta días, en las dos modalidades, predicados y dirigidos. Organiza cursillos de un día o de una semana sobre temas como el discernimiento o el evangelio social. Publica una revista. Tiene un programa para preparar directores espirituales y directores de Ejercicios. Pocos pueden emular la belleza de su entorno brasileño, pero hay otros que los igualan en la variedad de sus programas: St Ignatius en Czestochowa, Polonia, Dollymount en Dublin, Wenersville en Pennsylvania, USA, La Casa jesuita de Retiros en las afueras de Cebú, Filipinas, el Centro jesuita en Nápoles, y el de Mwangaza, en Nairobi, Kenia.
  6. 6. Y todo esto a propósito de un libro pequeño que ya tiene cuatro siglos y medio de vida. Quizás pueda dudarse que sea el único librito, de edad secular, que siga usándose. Pero a pesar de ello continúa vigente. Y, a medida que se conoce con más profundidad, las experiencias que ofrece resultan más abiertas a todas las culturas. Quizá porque el director de Ejercicios debe ser ante todo un oyente. Y porque esa es la actividad humana mas importante del milenio. Joseph A. Tetlow, S.J. Traducción de Francisco de Solís, S.J.
  7. 7. Y todo esto a propósito de un libro pequeño que ya tiene cuatro siglos y medio de vida. Quizás pueda dudarse que sea el único librito, de edad secular, que siga usándose. Pero a pesar de ello continúa vigente. Y, a medida que se conoce con más profundidad, las experiencias que ofrece resultan más abiertas a todas las culturas. Quizá porque el director de Ejercicios debe ser ante todo un oyente. Y porque esa es la actividad humana mas importante del milenio. Joseph A. Tetlow, S.J. Traducción de Francisco de Solís, S.J.

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