Parasitología Médica Becerril 5ta Edición.pdf

Medicina

Parasitología Médica Becerril 5ta Edición.pdf
Parasitología médica, 5e
CAPÍTULO 1: Historia de la parasitología
Marco A. Becerril Flores
INTRODUCCIÓN
Preguntas de evaluación inicial
1. ¿En qué época de la historia se descubrió la mayor parte de los helmintos?
2. ¿En qué periodo histórico empezaron los descubrimientos de las enfermedades secundarias a protozoarios?
3. ¿Qué es la paleoparasitología?
4. Mencione uno de los primeros protozoarios observados al microscopio.
La historia permite conocer el pasado, comprender el presente y prever hasta cierto punto el futuro. En este capítulo se muestra la secuencia en que
surgieron los conocimientos de la parasitología actual. No se incluyen todos los sucesos relevantes, con fechas y nombres de los personajes que
llevaron a cabo los descubrimientos de los parásitos, ni los ciclos biológicos o las técnicas de diagnóstico. Esa información puede encontrarse en
tratados completos que los detallan (Grove, 1990; Ackernecht, 1965; Chernin, 1977). Sin embargo, en este capítulo se sintetiza, de manera global y con
base en una perspectiva crítica y significativa, la manera en que se desarrolló la parasitología y algunos ejemplos de sus experiencias más
representativas.
A medida que el ser humano se fue desplazando en diferentes direcciones, tuvo que adaptarse a las condiciones ambientales de una zona particular y
alimentarse de sus fuentes naturales. Hoy se sabe que existe una amplia gama de microorganismos en diferentes orígenes y que forman parte de la
biosfera. Conforme el hombre se extendía en nuevas regiones, entraba en contacto no sólo con la flora y la fauna de esa zona, sino también con los
microorganismos presentes en vegetales, animales, tierra o agua; de igual modo, algunos animales infectados se convertían en fuente de
contaminación para el hombre cuando este interactuaba con ellos. Los insectos que portaban algún patógeno lo transmitían, sea que el hombre se
alimentara o se protegiera de ellos. Así, cuando un grupo contraía la infección por un parásito, lo adoptaba y transportaba a otros sitios o lo
diseminaba a otras personas o animales. En otras palabras, la migración del ser humano conducía a la transportación del microorganismo infeccioso
hacia nuevas áreas en las que habitualmente no se encontraba.
Cuando los individuos padecían un problema de salud por la infección de un microorganismo, una preocupación evidente era la aparición de
síntomas. En ese momento el ser humano trataba de conocer las causas de la enfermedad, el origen de sus síntomas y la forma de curarse. Las
primeras observaciones de enfermedades parasitarias proceden con toda seguridad del mismo inicio de la historia, cuando el hombre advirtió que la
materia fecal contenía gusanos en forma de lombrices de tierra (Ascaris lumbricoides), o que eliminaba en sus heces organismos en forma de cinta de
varios metros de longitud (tenias). Sin embargo, no fue sino hasta que el microscopio hizo posible reconocer los parásitos no observables a simple
vista, cuando el hombre pudo identificar las causas de los signos y síntomas de la afección, como diarrea mucosa y sanguinolenta, fiebre o vómitos.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
La aparición de la parasitología se relaciona con la historia misma de la humanidad; por tanto, se puede dividir como sigue: a) Edad Antigua
(4000 a.C. a 476 d.C.), desde el descubrimiento de la escritura en el Oriente hasta la caída del Imperio Romano; b) Edad Media (476 a 1453 d.C.),
que concluye con la capitulación del Imperio Bizantino al caer Constantinopla; c) Edad Moderna (1473 a 1789 d.C.), que se extiende desde el
Renacimiento hasta la Revolución Francesa, y d) Edad Contemporánea, desde esas fechas hasta la actualidad.
Los hallazgos parasitológicos en la Edad Antigua se refieren a la presencia de gusanos que pueden observarse a simple vista y que están presentes o
se eliminan con las heces. Se conocen varios registros al respecto. El papiro de Ebers es de los más antiguos (1500 a.C.) y en él se hallan las primeras
descripciones de parásitos que afectan al hombre, además de detalles de enfermedades de posible origen parasitario, tal vez gusanos intestinales.
Uno de éstos es sin duda el nematodo Dracunculus medinensis, del que se describe su naturaleza infecciosa y la manera de extraerlo de la piel.
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La aparición de la parasitología se relaciona con la historia misma de la humanidad; por tanto, se puede dividir como sigue: a) Edad Antigua
(4000 a.C. a 476 d.C.), desde el descubrimiento de la escritura en el Oriente hasta la caída del Imperio Romano; b) Edad Media (476 a 1453 d.C.),
que concluye con la capitulación del Imperio Bizantino al caer Constantinopla; c) Edad Moderna (1473 a 1789 d.C.), que se extiende desde el
Renacimiento hasta la Revolución Francesa, y d) Edad Contemporánea, desde esas fechas hasta la actualidad.
Los hallazgos parasitológicos en la Edad Antigua se refieren a la presencia de gusanos que pueden observarse a simple vista y que están presentes o
se eliminan con las heces. Se conocen varios registros al respecto. El papiro de Ebers es de los más antiguos (1500 a.C.) y en él se hallan las primeras
descripciones de parásitos que afectan al hombre, además de detalles de enfermedades de posible origen parasitario, tal vez gusanos intestinales.
Uno de éstos es sin duda el nematodo Dracunculus medinensis, del que se describe su naturaleza infecciosa y la manera de extraerlo de la piel.
Los estudios de Hipócrates (460–375 a.C.) también contienen descripciones de gusanos presentes en peces, animales domésticos y seres humanos. De
igual modo, Lucrecio notificó la palidez en los mineros, quizá consecutiva a infecciones por uncinarias. Los documentos de médicos latinos también
son valiosos. Celso (25 a.C. a 50 d.C.) y Galeno de Pérgamo (129–200 d.C.) comunicaron la existencia de helmintos, como Ascaris lumbricoides,
Enterobius vermicularis y Taenia.
Al parecer, los médicos árabes Rhazes (850–923 d.C.) y Avicena (980–1073 d.C.) describieron a Ascaris lumbricoides, Enterobius, Taenia y Dracunculus
medinensis. Una estatua del faraón Mentuhotep II en Egipto, hacia el año 2000 a.C., sugiere que sufrió elefantiosis. La esquistosomosis es otra
parasitosis que se detalla desde esa época en el papiro de Ebers, en el que se encuentra la palabra “aaa” que pudiera referirse a la “descarga del pene”
relacionada con la presencia de sangre en la orina y cuyos remedios se basaban en el antimonio, o quizás a la esquistosomosis hematobia.
Aunque los primeros parásitos observados fueron helmintos, en virtud de su tamaño macroscópico, también se registraron enfermedades causadas
por protozoarios, si bien no se logró reconocer el agente causal. Por ejemplo, un documento escrito en sánscrito alrededor del año 1000 a.C. se refiere
a la presencia de diarrea con moco y sangre en un individuo, posiblemente una infección amibiana. A este mismo padecimiento se alude en textos de
Babilonia y Asiria, en los que se refieren problemas de sangre en heces (antes del siglo VI a.C.). En sus trabajos, Hipócrates informa de abscesos
hepáticos y perianales. Galeno y Celso describieron los abscesos hepáticos, tal vez consecutivos a amibas. A fines del siglo XI d.C., Avicena mencionó
casos de disentería relacionada con absceso hepático. En cuanto a la leishmaniasis, se han hallado descripciones de las lesiones en lápidas del siglo VII
a.C. De igual manera, hay documentos de médicos orientales y árabes, como Avicena, que hacen referencia a lesiones ulcerosas, secundarias a
infección por Leishmania. En relación con el paludismo, se tiene noticia de las fiebres periódicas en China (2700 a.C.) e Hipócrates la menciona en el
siglo V a.C.
Muchos de estos grandes hallazgos se conservan en la forma en que se registraron; por ejemplo, la fabricación del papiro en el antiguo Egipto a partir
de la planta Cyperus papyrus. En otras culturas, como las de India, China y Japón, la escritura fue esencial para consignar tales informaciones. Otro
suceso importante fue el descubrimiento de productos naturales que permitían expresar en tinta los pensamientos. Todo esto explica que los
primeros registros parasitológicos procedan de esas civilizaciones. Sin embargo, el papel, los colorantes y la escritura no fueron los únicos requisitos
para iniciar los estudios en parasitología; era necesario que el hombre se preguntara por el origen de las cosas. Sólo en ese sentido se explica la
aparición de filósofos y otros pensadores, como Hipócrates, Aristóteles, Sócrates y Platón, y luego Avicena, Rhazes, Galeno y otros más. Durante el
imperio de Alejandro Magno la cultura helénica extendió sus territorios al Oriente, hasta que en el año 146 a.C. la eclipsó la invasión romana. La Edad
Antigua finaliza con el colapso del Imperio Romano; este periodo tuvo carácter militar y la historia de la parasitología aún no registraba hechos
decisivos.
El conocimiento de las parasitosis en la Edad Media como problema de salud no avanzó demasiado. Sólo en la Biblia hay referencias sobre la
existencia de Dracunculus medinensis, que se describe como una “serpiente dragón” que eliminó a los judíos en el Mar Rojo después del éxodo de
Egipto (1250 a 1200 a.C). En los siglos X y XI, los trabajos de médicos árabes, basados en los textos romanos y griegos, ya se referían a este mismo
helminto y al padecimiento lo denominaban “vena podrida” o “vena de Medina”. En esa época el hombre trataba de apoyarse en ideas que
espiritualmente tienen mucha fuerza: el poder lo ejercía la iglesia y se corría el riesgo de que la explicación de la vida en razón de la naturaleza
condujera a la calificación de hereje y a la hoguera, como lo ordenó la Santa Inquisición en el siglo XIII. Numerosos libros, quizá registros de fenómenos
naturales, irrumpieron en el conocimiento científico.
PRINCIPALES DESCUBRIMIENTOS
En el Renacimiento de los grandes descubrimientos, Carl von Linné (Linneo) describió seis gusanos: Ascaris lumbricoides, Ascaris vermicularis
(Enterobius vermicularis), Gordius medinensis (Dracunculus medinensis), Fasciola hepatica, Taenia solium y Taenia lata (Diphyllobothrium latum). En
el siglo XVII, el médico inglés Edward Tyzon detalló la anatomía de Ascaris lumbricoides, igual que el italiano Francesco Redi. En 1674, Georgius
Velschius, estudió a Dracunculus medinensis (cuadros 1–1 y 1–2).
Cuadro 1–1
Relación cronológica de los acontecimientos más relevantes de la parasitología
Parásitos Fecha Hechos relevantes y otras denominaciones
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En el Renacimiento de los grandes descubrimientos, Carl von Linné (Linneo) describió seis gusanos: Ascaris lumbricoides, Ascaris vermicularis
(Enterobius vermicularis), Gordius medinensis (Dracunculus medinensis), Fasciola hepatica, Taenia solium y Taenia lata (Diphyllobothrium latum). En
el siglo XVII, el médico inglés Edward Tyzon detalló la anatomía de Ascaris lumbricoides, igual que el italiano Francesco Redi. En 1674, Georgius
Velschius, estudió a Dracunculus medinensis (cuadros 1–1 y 1–2).
Cuadro 1–1
Relación cronológica de los acontecimientos más relevantes de la parasitología
Parásitos Fecha Hechos relevantes y otras denominaciones
Trichinella
spiralis
1828 Se encontró como larva enquistada en músculos de cadáveres humanos en necropsias en Londres (Peacock); Hilton
(1833) y Paget (1835).
1835 Richard Owen la describió por primera vez y le dio su denominación.
1844 Von Siebold y Dujardin (1945) propusieron que en el ser humano se encontraba la fase larvaria del parásito.
1846 Joseph Leidy (Filadelfia) la encontró en carne de cerdo y la relacionó con su aparición en el hombre.
1853–1860 Leuckart y Virchow (1856–1860) demostraron parte del ciclo biológico al infectar diversos animales y probar que en
pocos días los quistes se convierten en adultos después de la infección.
1860 Friedrich von Zenker demostró la presencia del parásito en relación con síntomas (practicó una necropsia en una mujer
que al parecer había muerto de tifoidea, y en ambas fases intestinales halló larvas en los músculos); se hizo evidente
una relación de la infección con la ingestión de salchicha.
1897 Brow refirió la eosinofilia en la triquinosis.
Finales de
1800 y
principios
de 1900
Virchow calculó 90% de infecciones en Alemania.
Trichuris
trichiura
1771 Linneo la describió.
1887 Grassi notificó su ciclo biológico.
1916 Ranson estimó 6% de infecciones en Estados Unidos.
1923 Fülleborn detalló su ciclo biológico.
1934 Hasegawa también describió su ciclo biológico.
1978 Los CDC informaron 11 brotes de origen común.
Strongyloides
stercoralis
1876 Normand lo identificó en heces de soldados franceses que presentaban diarrea frecuente. En la necropsia de cinco de
ellos se encontró en la pared del íleon, en conductos pancreáticos y biliares. (Bavay le dio el nombre de Angillula
stercoralis y el de A. intestinalis al encontrarlo en los tejidos.)
1879 Grassi y Perroncito (1880) y Leuckart (1882) demostraron que los desperdicios eran fases distintas del mismo parásito y
reconocieron un ciclo parásito y otro de vida libre.
1900 Askanazy demostró que las hembras depositan las larvas en la pared del intestino y no en la luz intestinal.
1899–1914 Loos, Durme, Ranson y Fülleborn demostraron el ciclo vital desde la entrada en el ser humano hasta su
establecimiento en el intestino.
1933 Faust descubrió todas las fases de desarrollo y diferenciación sexual de la generación parasitaria.
Strongyloides 1914 Fülleborn sugirió que las larvas rabditoides en la región perianal pueden convertirse en infectantes (autoinfección).
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1900 Askanazy demostró que las hembras depositan las larvas en la pared del intestino y no en la luz intestinal.
1899–1914 Loos, Durme, Ranson y Fülleborn demostraron el ciclo vital desde la entrada en el ser humano hasta su
establecimiento en el intestino.
1933 Faust descubrió todas las fases de desarrollo y diferenciación sexual de la generación parasitaria.
Strongyloides 1914 Fülleborn sugirió que las larvas rabditoides en la región perianal pueden convertirse en infectantes (autoinfección).
1928 (1932–
1936)
Nishigoni y Faust señalaron que es posible la autoinfección interna desde el intestino.
Ancylostoma
duodenale
1600 a.C. Papiro de Ebers; lo describió por primera vez el médico persa Avicena (980–1037 d.C.).
1843 Dubini lo describió con precisión.
1878 Grassi y Parona notificaron la forma de diagnosticar la infección a partir de las heces.
1880 Perroncito señaló el desarrollo desde el primer estadio hasta la larva filariforme.
1886–1887 Leichtenstein demostró que las larvas filariformes se desarrollan en el intestino delgado hasta ser adultas.
1896–1897 Arthur Loos trabajó en el laboratorio de Salud Pública de Alejandría, Egipto; ahí se infectó accidentalmente por
contacto de su piel. Explicó la ruta completa al experimentar con A. caninum en perros y describió las fases completas
del parásito desde la infección cutánea.
Necator
americanus
Ancylostoma
caninum
1902 Stiles lo describió como nueva especie.
Enterobius
vermicularis
1758 Lo describió Linneo.
Ascaris
lumbricoides
1758 Lo describió Linneo.
1954 Takata detalló la infección humana.
Onchocerca
volvulus
1893 Leuckart la describió a partir de ejemplares colectados de un nativo de Ghana, en África.
1915 Robles la describió en Guatemala; también la relacionó con la ceguera.
1926 Blalock demostró que lo transmite Simulium.
Cuadro 1–2
Relación cronológica de los descubrimientos de platelmintos y trematodos
Parásitos Fecha Hechos relevantes y otras denominaciones
Schistosoma
japonicum
1847 Fujii lo mencionó por primera vez.
1890 Yamagiwa (1893), Kurimoto y Fujinami (1904) encontraron en pacientes los huevos del parásito como causa de la
enfermedad.
1903 Kasai identificó los huevos en las heces de los pacientes.
1904 Fujinami halló la hembra en la vena porta de pacientes.
1905 Logon diagnosticó el primer caso en China.
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volvulus
1915 Robles la describió en Guatemala; también la relacionó con la ceguera.
1926 Blalock demostró que lo transmite Simulium.
Cuadro 1–2
Relación cronológica de los descubrimientos de platelmintos y trematodos
Parásitos Fecha Hechos relevantes y otras denominaciones
Schistosoma
japonicum
1847 Fujii lo mencionó por primera vez.
1890 Yamagiwa (1893), Kurimoto y Fujinami (1904) encontraron en pacientes los huevos del parásito como causa de la
enfermedad.
1903 Kasai identificó los huevos en las heces de los pacientes.
1904 Fujinami halló la hembra en la vena porta de pacientes.
1905 Logon diagnosticó el primer caso en China.
1909 Fujinami y Miyagawa (1912–1913) y Miyairi y Suzuki (1913–1914) demostraron el ciclo biológico.
1924 Faust y Melany aportaron detalles de la biología y patogenia del parásito.
S. haematobium y S.
mansoni
1851 Bilharz encontró los gusanos en venas mesentéricas de un nativo de El Cairo. Después se demostró que el nativo
eliminaba los huevos en la orina.
1894–
1914
Loos contribuyó con el ciclo biológico, pese a que otros, como Harley y Cobbuld, aseguraban que había moluscos que
actuaban como huéspedes.
1915–
1918
Leiper demostró las dos especies y diferenció los huevos morfológicamente; describió la infección cutánea y reconoció
un molusco como huésped intermediario.
Fasciola hepatica 1879 La describió De Brie.
1882 Su ciclo vital lo detallaron Levokort y Thomas (1883).
1957 Reinhord enumeró sus antecedentes históricos.
A partir del Renacimiento, alrededor de los siglos XV y XVI, se observaron grandes adelantos acerca de las enfermedades parasitarias. Un factor
determinante que permitió difundir la información fue el invento de la imprenta, en 1435, por Gutenberg. Tal vez el poder de la iglesia que detentaron
los papas León X y Julio II influyó para la consolidación del Renacimiento y el surgimiento de pensadores como Voltaire, quien promovió “la razón y el
progreso”, y Michelet, el cual afirmó que el Renacimiento era la comunión del hombre con el mundo y promovió la aparición de la Ilustración. También
debe señalarse la época de la Enciclopedia que crearon los filósofos franceses Diderot y D’Alambert, entre 1771 y 1772. Surgieron artistas como
Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, quienes fueron metódicos e ilustraron el cuerpo humano como parte de la belleza de la naturaleza.
Maquiavelo y su obra El Príncipe, así como otros escritores, dieron consejos para mantener el poder en las naciones monárquicas, y de hecho estas
surgieron y detentaron el poder absoluto. Otros intelectuales como Montesquieu y Rousseau promovieron ideas que sirvieron de fermento para la
Revolución Francesa. En el ámbito microbiológico, Girolamo Fracastoro, en 1546, propuso la existencia de microorganismos invisibles como causa de
enfermedades, y en el siglo XVI se registró la filariasis linfática.
En 1681, Antonj van Leeuwenhoek descubrió al protozoario Giardia lamblia en heces diarreicas de él mismo. Francesco Redi expuso su teoría de la
generación espontánea, en la que sostiene que los organismos derivan de material inerte. Estos hallazgos fueron apoyados por el pensamiento
filosófico y humanista de Andreas Vesalio, a quien el descrédito del dogma escolástico lo llevó a la experimentación. En esa época se supuso que el
hombre es un creador de ideas, no tanto un manipulador de material, y que por ello es capaz de esculpir, pintar, escribir y experimentar. Entre 1765 y
1776, Lazzaro Spallanzani refutó la teoría de la generación espontánea y señaló que el aire puede transmitir microorganismos que luego se
desarrollan en un medio adecuado. Sin duda, el hombre tiende a conocerse a sí mismo y al mundo; observa y experimenta, y es capaz de debatir ideas.
También es la razón por la cual triunfó la Revolución Francesa.
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enfermedades, y en el siglo XVI se registró la filariasis linfática.
En 1681, Antonj van Leeuwenhoek descubrió al protozoario Giardia lamblia en heces diarreicas de él mismo. Francesco Redi expuso su teoría de la
generación espontánea, en la que sostiene que los organismos derivan de material inerte. Estos hallazgos fueron apoyados por el pensamiento
filosófico y humanista de Andreas Vesalio, a quien el descrédito del dogma escolástico lo llevó a la experimentación. En esa época se supuso que el
hombre es un creador de ideas, no tanto un manipulador de material, y que por ello es capaz de esculpir, pintar, escribir y experimentar. Entre 1765 y
1776, Lazzaro Spallanzani refutó la teoría de la generación espontánea y señaló que el aire puede transmitir microorganismos que luego se
desarrollan en un medio adecuado. Sin duda, el hombre tiende a conocerse a sí mismo y al mundo; observa y experimenta, y es capaz de debatir ideas.
También es la razón por la cual triunfó la Revolución Francesa.
La Edad Contemporánea, que comenzó en 1789 con la toma de la Bastilla, marcó el inicio de hallazgos muy importantes para la ciencia, en especial
para la parasitología. Schwann y Schleiden desarrollaron su teoría celular entre 1838 y 1839. En 1798, el cirujano de la armada francesa, A.J. Renoult,
describió los primeros casos de hematuria en la esquistosomiosis manifestada entre los soldados, y en ese mismo año Edward Jenner probó su
vacuna contra la viruela.
A finales del siglo XVII, Edward Tyson explicó la morfología de las tenias y su fisiología. Entre 1847 y 1850, Semmelweis sugirió el uso de antisépticos
para evitar que las madres que daban a luz sufrieran fiebre puerperal. En 1858, Virchow sostuvo que todas las células proceden de una misma célula.
En 1861, Pasteur demostró que los organismos no surgen por generación espontánea, y en 1859 Darwin publicó El origen de las especies. Entre 1881 y
1882, Pasteur descubrió el bacilo de la tuberculosis y preparó la vacuna contra el carbunco. En 1884 se publicaron los postulados de Koch, y en 1885
Pasteur preparó la vacuna contra la rabia. Además, en 1862, el médico francés Joseph Davaine demostró, con el uso de parásitos, que la transmisión
de Ascaris lumbricoides se debía a la ingestión de sus huevos; el italiano Giovanni Battista Gras se infectó a sí mismo con huevos de Ascaris
lumbricoides, y después de varias semanas los halló en su excremento. Hacia 1922, el médico japonés Shimesu Koino, quien también se incubó el
parásito, describió su ciclo biológico.
Por el año 1838, el médico italiano Angelo Dubini notificó la presencia de uncinarias en seres humanos, y en 1854 Wilhelm Griesinger explicó esta
enfermedad. Más adelante, en 1879, el veterinario italiano Edoardo Perroncito describió la infección en mineros. Arthur se infectó de manera
accidental a finales de 1800 y demostró que la transmisión tiene lugar a través de la piel. En 1821 se reconoció el papel de Trichinella spiralis en las
infecciones en cerdos, y en 1835 James Piaget descubrió que el gusano infecta al hombre, aunque el informe lo redactó Richard Owen. En 1859, Rudolf
Virchow detalló la fase adulta de este organismo y Zenker propuso que el humano se infecta al comer carne cruda de cerdo.
En 1876, el médico francés Louis Alexis Normand dio a conocer la fase larvaria de Strongyloides stercoralis y la enfermedad que produce, y la fase
adulta lo fue por el profesor Arthur René Jean Baptiste Bavay. En 1883, Karl Georg Friedrich Rudolf Leuckart notificó las generaciones alternantes de la
fase parasitaria y de la vida libre del parásito. Durante 1901 y 1902, el médico belga Paul van Durme descubrió que la infección se desarrolla a través de
la piel, y Loos se infectó a sí mismo para demostrar que la ruta de entrada es a través de la piel y la presencia de las larvas a los 60 días de infección.
Más adelante, en la década de 1940, se demostró que en las personas inmunosuprimidas es notablemente mayor la diseminación del parásito. En
1836, Forbes identificó a Dracunculus medinensis en el agua y lo describió, y en 1870 se reconoció su ciclo biológico a partir de crustáceos. El ciclo
completo de Dracunculus fue descrito por el bacteriólogo Dyneshvar Atmarán Turkhud en 1913, quien inoculó a voluntarios humanos con Cyclops
infectados.
Patrick Manson, en 1877, detalló el ciclo biológico de los nematodos que causan la filariosis; este es uno de los mayores hallazgos en la historia de la
parasitología. Sus investigaciones se basaron en los trabajos de Fedchenko con la dracunculosis y abrieron la puerta a los ciclos del paludismo y el
arbovirus. En 1863, Jean Nicolas Demarquay descubrió las filarias en el hidrocele, y en 1866, Otto Henry Wucherer, en la orina. El adulto de estas
filarias que producen elefantiosis lo describió Joseph Bancroft en 1876. No obstante, Manson pensó que el mosquito se depositaba en el agua, y que
al escapar las larvas el ser humano las adquiría al beberla. En 1900, el parasitólogo Thomas Bancroft localizó filarias en las partes bucales del
mosquito. A principios del siglo XX se describió la infección y la enfermedad por esquistosomiosis causadas por las tres especies.
En cuanto a los trematodos, su descubrimiento (ocurrido entre 1874 y 1918) se relacionó con Paragonimus westermani, que Ringer reconoció en
pulmones humanos en 1879; en 1880, Manson y Von Baelz encontraron los huevos de este parásito en el esputo, así como de Clonorchis sinensis y
especies de Opistorchis. Entre 1916 y 1922, varios japoneses describieron la participación y los ciclos de caracoles, en particular Semisulcospira. A
mediados del siglo XIX, Küchenmeister informó las diferencias entre T. solium y T. saginata, y en 1784, Johan August mencionó la relación con
protozoarios y sus enfermedades.
El médico ruso Friedrich Lösch descubrió el agente causal de la amebosis mediante experimentos en perros. En Egipto, entre los años 1885 y 1896, el
médico griego Stephanus Kartulis identificó las amebas en las úlceras de pacientes con disentería y reprodujo este padecimiento digestivo en gatos
cuando les inoculó los parásitos por vía rectal.
En 1859, Vilém Lambl describió morfológicamente a Giardia, y en 1902 el parasitólogo estadounidense Charles Wardell Stiles la relacionó con la
diarrea. Entre 1914 y 1918, se descubrieron quistes de Giardia en las heces de soldados caídos en la Primera Guerra Mundial, los cuales fueron capaces
de infectar animales de experimentación e inducir síntomas similares. En 1926, el médico Reginald Miller demostró que los niños infectados con
Giardia padecen malabsorción y otros son portadores. El médico inglés John Atkins, en 1721, reconoció por vez primera la actual enfermedad del
sueño que producen los tripanosomas africanos, y Thomas Winterbottom, en 1803, la denominó enfermedad del “letargo negro”. Griffith Evans, en
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El médico ruso Friedrich Lösch descubrió el agente causal de la amebosis mediante experimentos en perros. En Egipto, entre los años 1885 y 1896, el
médico griego Stephanus Kartulis identificó las amebas en las úlceras de pacientes con disentería y reprodujo este padecimiento digestivo en gatos
cuando les inoculó los parásitos por vía rectal.
En 1859, Vilém Lambl describió morfológicamente a Giardia, y en 1902 el parasitólogo estadounidense Charles Wardell Stiles la relacionó con la
diarrea. Entre 1914 y 1918, se descubrieron quistes de Giardia en las heces de soldados caídos en la Primera Guerra Mundial, los cuales fueron capaces
de infectar animales de experimentación e inducir síntomas similares. En 1926, el médico Reginald Miller demostró que los niños infectados con
Giardia padecen malabsorción y otros son portadores. El médico inglés John Atkins, en 1721, reconoció por vez primera la actual enfermedad del
sueño que producen los tripanosomas africanos, y Thomas Winterbottom, en 1803, la denominó enfermedad del “letargo negro”. Griffith Evans, en
1881, observó tripanosomas en caballos y camellos y los refirió como causantes de la afección. En 1894, el cirujano de la armada inglesa David Bruce
investigaba un brote de nagana, enfermedad semejante al “sura” en el ganado, y encontró los tripanosomas en la sangre de las reses, así como de
perros infectados. En 1891, Gustave Nepveu reconoció los parásitos en la sangre humana, y Friedrich Kleine demostró, en 1909, el papel transmisor de
las moscas tsé-tsé en el ciclo biológico.
Ronald Ross y David Thompson, en 1911, describieron las olas sucesivas de la parasitemia. La enfermedad de Chagas se remonta a 1907, cuando el
médico brasileño Carlos Chagas describió el parásito, la transmisión y la enfermedad. En 1824 se notificó el kala-azar en la India. Antes de estas fechas
se confundía el kala-azar con el paludismo. En 1900, el médico militar escocés William Leishman y el profesor de fisiología Charles Donovan
descubrieron este patógeno en el bazo de pacientes infectados. En 1921, los hermanos Edouard y Ettiene Sergent demostraron que los mosquitos del
género Phlebotomus transmiten a Leishmania. Fue hasta 1941 cuando se demostró que la picadura es el modo de transmisión. En 1911, Gaspar
Vianna encontró en Sudamérica parásitos distintos de los hallados en África y Medio Oriente y les dio el nombre de Leishmania braziliensis. En 1922 se
descubrió que el transmisor es Lutzomyia.
Los parasitólogos franceses Charles Nicolle y Louis Hebert Manceaux descubrieron Toxoplasma gondii al buscar un reservorio de Leishmania en el
roedor gondi. Por otro lado, Alfonso Splendore lo encontró en conejos en Brasil en el mismo año de 1909. El médico checo Josef Janku estableció, en
1923, un nexo entre la infección y la presencia de este parásito. Fue hasta 1937 cuando Arne Wolf y David Cowen descubrieron Toxoplasma en un caso
congénito. Su ciclo biológico fue descrito en 1970 por William McPhee, Hutchinson, Jack Frenkel, Harley Sheffield, Gerhard Piekarsky y J.P. Overdulve
en un trabajo colectivo.
En 1912 se dio a conocer Cryptosporidium parvum, cuando el parasitólogo americano Edward Ernest Tyzzer lo encontró en las glándulas gástricas de
un ratón de laboratorio; el crédito del primer registro de infección humana les correspondió, en 1976, a Nime y Meisel. En 1979, el parasitólogo inglés
Richard Ashford demostró la presencia de Cyclospora cayetanensis en pacientes de Papúa, Nueva Guinea, y en 1986 se aisló en heces de pacientes con
sida. (Véanse los cuadros 1–1 y 1–2 para una relación cronológica de los descubrimientos más importantes de la parasitología.)
Es importante señalar que la paleoparasitología ha demostrado la existencia de parásitos en momias, como huevos de A. lumbricoides (2227 a.C.) y de
Ancylostoma (3350 a.C.) en coprolitos humanos, y gusanos de Dracunculus en momias egipcias. La biología molecular permite demostrar la presencia
de ciertas especies en registros biológicos antiguos.
Hay que destacar que siempre hubo ideas predecesoras o pensamientos que llevaron a los descubrimientos de las enfermedades parasitarias. Los
primeros fueron filósofos y más adelante surgieron científicos con un espíritu de experimentación. Con todo, la época de los grandes hallazgos de la
parasitología data de los años posteriores al Renacimiento y sobre todo del periodo contemporáneo, con toda seguridad porque ahora se dispone de
mejores herramientas y es posible establecer analogías, como en el caso de Manson y sus insectos transmisores de enfermedades.
La finalidad de este capítulo ha sido mostrar la evolución del pensamiento que condujo al ser humano a descubrir los parásitos y las enfermedades
que estos provocan. En síntesis, primero se descubrieron los parásitos, luego sus infecciones y por último su ciclo biológico y la epidemiología.
Preguntas para reflexionar
1. ¿Es posible esperar acontecimientos aún no demostrados que podrían ser clave para explicar el comportamiento de los parásitos conocidos?
2. ¿Por qué en la época renacentista tuvo lugar la mayor parte de los descubrimientos? ¿Tuvo influencia en ello el pensamiento de filósofos de
esos siglos?
3. A pesar de la tecnología actual, ¿por qué aparecen todavía nuevas enfermedades infecciosas que no es posible describir por completo?
Respuestas a las preguntas de la evaluación inicial
1. En las épocas Antigua y Moderna; en la Edad Media son escasas las contribuciones.
2. Entre los periodos renacentista y moderno.
3. Es el estudio de hallazgos parasitológicos en restos fósiles.
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esos siglos?
3. A pesar de la tecnología actual, ¿por qué aparecen todavía nuevas enfermedades infecciosas que no es posible describir por completo?
Respuestas a las preguntas de la evaluación inicial
1. En las épocas Antigua y Moderna; en la Edad Media son escasas las contribuciones.
2. Entre los periodos renacentista y moderno.
3. Es el estudio de hallazgos parasitológicos en restos fósiles.
4. Giardia lamblia.
ANEXO
EVOLUCIÓN DE LA PARASITOLOGÍA EN ALGUNAS ENFERMEDADES ALTAMENTE DISEMINADAS
Paludismo (malaria)
Una de las enfermedades que históricamente tienen trascendencia no sólo desde el punto de vista de la enfermedad, sino también históricamente, es
la malaria. En este caso los protagonistas principales son dos grandes investigadores: Laveran y Ross. Charles Louis Alphonse Laveran nació en París,
Francia, el 18 de junio de 1845, fue hijo de un cirujano militar, quien obtuvo su título de médico en 1867, en la Escuela del Servicio de Sanidad de
Estrasburgo. Participó en la guerra franco-alemana de 1870 y asistió como cirujano militar al sitio de Metz. Este dato le permitió adquirir el
entrenamiento para participar con militares. Otro dato importante es que fue profesor en la Escuela del Val-de-Gráce en 1874 ya que pudo entender
desde el punto de vista magisterial las causas de enfermedades, entre ellas las infecciosas. Para 1878 fue enviado a Argelia bajo la comisión de
investigar las causas del paludismo pues acechaba a gran parte de la población. Imaginando las carencias que existían en ese entonces pero sabiendo
que el microscopio era una herramienta útil para aquellos que querían investigar, procedió a revisar clínicamente a soldados y muestras de sus fuidos,
entre ellos su sangre. En noviembre de 1880, de la sangre de uno de los soldados que había recaído de paludismo, y él revisaba bajo el microscopio su
sangre, observó cuerpos esferoidales que en su interior había corpúsculos que se movían activamente, eran glóbulos rojos infectados. Anteriormente
había observado cuerpos en forma de media luna en el interior de los eritrocitos. En sus propias palabras Laveran describía: “[...] en la periferia de ese
cuerpo había una serie de filamentos finos y transparentes que se movían muy rápido y que, indiscutiblemente, tenían vida”. Creyó que eran bacterias.
Sin embargo, hasta 1885 se descartó la presencia de bacterias como causantes del paludismo. Diez años después se supo que el causante del
paludismo podía ser transmitido por un mosquito.
Por otro lado, Ronald Ross, nació en Almora, la India, el 13 de mayo de 1857 y aunque estudió medicina en Inglaterra siempre deseó ser literario. En
1879 se graduó de médico en la Escuela de Medicina del Hospital San Bartolomé de Londres. Prestó sus servicios médicos en su país en 1881 cuando
ya Laveran había descrito el causante del paludismo. Fue un hombre de vasta cultura y escritor. Para 1892 empezó a estudiar las causas del paludismo.
Visitó Inglaterra en 1894 y conversó con un médico, quien le planteó su teoría de la transmisión del paludismo a la gente a través de picaduras de
mosquitos. Comenzó a estudiar mosquitos y revisó exhaustivamente los insectos. Los crió para demostrar que no estaban infectados por el parásito y
les daba de comer sangre de los pacientes infectados. Después de dos años revisó los estómagos de los insectos y en 1897 halló la primera evidencia,
pudo observar que en las hembras de los mosquitos del género Anopheles se encontraba el parásito con movimientos muy activos. En 1898 describe
la presencia de estructuras que les denominó esporas y que se alojaban en las glándulas salivales del mosquito, de esta manera supone que la
picadura del mosquito hace la transmisión del parásito. De este modo las autoridades sanitarias pudieron empezar a controlar la transmisión. En
1902, Ross fue recompensado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. En 1907, Laveran fue agraciado con el mismo Nobel, por el descubrimiento
de los parásitos protozoarios como agentes causales de enfermedades infecciosas como la malaria y tripanosomiasis. Laveran murió en París el 18 de
mayo de 1922, a los 76 años de edad. Mientras que Ross además del trabajo científico, dedicó algún tiempo a escribir novelas, poemas, dramas y
piezas de teatro. Murió a la edad de 75 años en Londres, el 16 de septiembre de 1932.
Vale la pena mencionar que durante la época en que describen el hallazgo del parásito, otros investigadores debaten su teoría, el principal de ellos, el
italiano Ettore Marchiafava, secundado por Celli, Golgi y Grassi quienes suponían la infección por un micrococcus. Para profundizar se recomienda
revisar la nota histórica de Walter Ledermann D. 2008. Laveran, Marchiafava y el paludismo. Rev Chil Infect 2008;25(3):216–221; y la página de Internet
cuya dirección es: bvs.sld.cu/revistas/his/vol_2_99/his15299.htm
Figura 1–1
Charles Louis Alphonse Laveran (1845–1922)
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Vale la pena mencionar que durante la época en que describen el hallazgo del parásito, otros investigadores debaten su teoría, el principal de ellos, el
italiano Ettore Marchiafava, secundado por Celli, Golgi y Grassi quienes suponían la infección por un micrococcus. Para profundizar se recomienda
revisar la nota histórica de Walter Ledermann D. 2008. Laveran, Marchiafava y el paludismo. Rev Chil Infect 2008;25(3):216–221; y la página de Internet
cuya dirección es: bvs.sld.cu/revistas/his/vol_2_99/his15299.htm
Figura 1–1
Charles Louis Alphonse Laveran (1845–1922)
Teniasis-cisticercosis
Desde los tiempos de Aristóteles ya se describe la presencia de cisticercos en el cerdo y durante siglos aparecen muchas descripciones acerca de la
presencia de las tenias en fase adulta en heces humanas y así mismo la presencia de cisticercos en el encéfalo de gente infectada. Sin embargo, saber
que el agente causal de la cisticercosis y la teniasis es el mismo, fue algo que llamó la atención. Los dos investigadores que lograron dar a conocer el
ciclo biológico fueron Kuchenmeister y Leuckart. En la década de 1850 en Alemania, el primero de ellos pidió a las autoridades de una prisión dar de
comer, a una mujer condenada a muerte, 75 cisticercos en los tres días consecutivos anteriores a su ejecución. Durante las primeras 48 horas después
de su muerte se practicó una necropsia a esta mujer y en sus intestinos se encontraron 10 adultos de las tenias. Repitió su experimento con otros
presidiarios y ocurrió algo similar. Por su parte Leuckart emplea proglótidos de adultos de Taenia saginata y se las da de comer a becerros; en sus
órganos observa cisticercosis masiva en los órganos de los becerros. Los huevos contenidos en los proglótidos se habían convertido en cisticercos. Lo
anterior demuestra en experimentos atrevidos que el descubrimiento de parásitos requiere pensar en sus fuentes de transmisión
(www.lab.biomedicas.unam.mx/cistimex/s10-5gene.html).
Toxoplasmosis
Otra historia fascinante en la historia de la parasitología es sobre un parásito intracelular que a la fecha todavía levanta especulaciones y dudas, se
trata de Toxoplasma gondii. La historia indica que los primeros que reportan su presencia son el francés Charles Jules Henry Nicolle, y L Manceaux en
1909.
Figura 1–2
Charles Jules Henry Nicolle.
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trata de Toxoplasma gondii. La historia indica que los primeros que reportan su presencia son el francés Charles Jules Henry Nicolle, y L Manceaux en
1909.
Figura 1–2
Charles Jules Henry Nicolle.
En ese entonces, varios microorganismos se trataron de identificar observando que algún espécimen presentaba problemas. Nicolle, quien era el
director del actual Instituto Pasteur, y L. Manceux observaron en tejidos de sangre, bazo e hígado de gondis (rodeores que habitan el sureste de
Túnez) tejidos invadidos por organismos que tenían la forma de leishmanias, de hecho les llamó Leishmania gondii. Otros parásitos que ya se
identificaron en ese entonces. Splendore, de manera independiente, observó estos microorganismos en tejidos de un conejo muerto con parálisis en
Brasil, y al observarlo Manceux y Nicolle lo reportaron también como el mismo toxoplasma y así juntos demuestran la presencia de lo que, ahora
sabemos, era Toxoplasma gondii. Una tercera observación fue reportada por Mine en Japón en 1908, en topos. Es importante resaltar que
inicialmente lo observó Laveran en 1900 en cortes histológicos de bazo, médula ósea de gorriones de Java, los cuales se infectaron con otro parásito,
Haemamoeba. Sin embargo, aunque lo reportó, es probable que más bien se tratara de toxoplasma. Aunque es interesante esta demostración, quizá
lo sean aún más otros dos aspectos: primero que era un parásito causante de toxoplasmosis humana y segundo su ciclo biológico. Entre 1908 y 1937
se demuestra su transmisión experimental empleando homogenados de cerebro del animal infectado a través de vía intraperitoneal, intracraneal y
subcutánea; en ello se observaba un incremento en la virulencia del parásito; es probable que hayan observado a ratones muertos que eran comidos
por otros, dentro de la misma jaula de experimentación y que se incrementaba la virulencia, sospechando la vía oral al consumir carne cruda. Entre los
animales que se estudiaron para investigar la transmisión se reportan monos, ratas, cuyos, ratones, gondis, los cuales mostraron mayor
susceptibilidad. Sin embargo, fue interesante saber que estos últimos son herbívoros, por lo que la transmisión no sólo era a través de consumo de
carne. Un dato importante resultó al observar que gondis estaban más infectados en invierno que en verano, pensando que la temperatura climática
hacía al huésped más suceptible o que había transmisión por artrópodos, esto último debido a que en sangre de los gondis se llegaron a observar
parásitos, finalmente se demostró que no había tal transmisión. Se pensó que los gatos y perros podrían ser infectados, teniendo en cuenta que la
transmisión podría ser a través de la ingestión de carne cruda y que los roedores serían los huéspedes. Después de cinco años de investigaciones
intensas Frenkel et al., en 1970, deducen el ciclo biológico completo de Toxoplasma gondii, dándole a gatos ratones infectados y resultó que en sus
heces encontró los ooquistes del parásito uno a cinco días después de la infección. De este modo nos damos cuenta que los esfuerzos para descubrir
el ciclo biológico de este parásito ocurrieron hace poco y aún ahora existen enigmas.
Enfermedad de Chagas
Dentro de los acontecimientos históricos de la parasitología, el descubrimiento de esta enfermedad se cuenta entre los más importantes. Los dos
investigadores que dieron la pauta fueron los doctores Oswaldo Goncalves Cruz y Carlos Justiniano Das Chagas en el año 1909, de ahí el nombre de la
enfermedad. En sus propias palabras, en su publicación: Nova tripanozomiaze humana. Estudos sobre a morfolojia e o ciclo evolutivo do
Schizotrypanum cruzi n. gen., n. sp., ajente etiolojico de nova entidade mórbida do homen pelo:
Em 1907 fomos incumbidos pelo director Dr. Oswaldo Goncalves Cruz, de executar a campanha anti-paludica nos servicos de constrcao da Estrada
de Ferro Central do Brazil, na rejiao norte do Estado de Minas Geraes…
Cuando llegaron a la zona de estudio los habitantes les indicaron la presencia de insectos hematófagos que les picaban, llamados barbeiros.
Pernoctaron y se dieron cuenta de su presencia siendo así capturados. Examinaron el contenido de tales insectos y observaron la presencia de
parásitos:
Examinando o conteúdo do intestino posterior de exemplares de conorrinos, colhidos em Minas Geraes, no interior de habitacoes humanas,
verificamos ali a prezenca de numerosos flajelados com os carateres morfolojicos de critidias[…]
Los ejemplares fueron enviados al Dr. Oswaldo Cruz, quien empleó el contenido para infectar macacos, entre 20 y 30 días después el animal presentó
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de Ferro Central do Brazil, na rejiao norte do Estado de Minas Geraes…
Cuando llegaron a la zona de estudio los habitantes les indicaron la presencia de insectos hematófagos que les picaban, llamados barbeiros.
Pernoctaron y se dieron cuenta de su presencia siendo así capturados. Examinaron el contenido de tales insectos y observaron la presencia de
parásitos:
Examinando o conteúdo do intestino posterior de exemplares de conorrinos, colhidos em Minas Geraes, no interior de habitacoes humanas,
verificamos ali a prezenca de numerosos flajelados com os carateres morfolojicos de critidias[…]
Los ejemplares fueron enviados al Dr. Oswaldo Cruz, quien empleó el contenido para infectar macacos, entre 20 y 30 días después el animal presentó
en su sangre flagelados con morfología similar. Infectaron otros animales, reproduciendo la infección en ellos. Carlos Chagas comenzó a examinar
clínicamente a la gente de la zona estudiada. En dos niños encontró los flagelados y con su sangre pudo inocular a ratones y en los cuales pudo
observar al parásito en sangre. De esta manera, comprueba el ciclo biológico y demuestra el transmisor. Aunque en un principio se pensó que se
transmitía a través de la picadura, varios años después se demostró que el insecto lo transmite a través de las heces.
Todos los eventos históricos presentados aquí nos demuestran cómo fue que se lograron los descubrimientos. En ocasiones se marcan las fechas y el
hallazgo concluyente de un descubrimiento, pero pocas veces nos damos cuenta de los sucesos en detalle y qué hizo pensar en los investigadores que
lo que estaban observando era novedoso. Transportarse a la época de los científicos es apasionante desde su propia perspectiva, sin dejar a un lado
la emoción que sintieron al demostrarlo.
BIBLIOGRAFÍA
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Parasitología médica, 5e
CAPÍTULO 2: Aspectos generales de la parasitología
Marco A. Becerril Flores
INTRODUCCIÓN
Preguntas de evaluación inicial
1. ¿Qué tipos de simbiosis existen en la naturaleza?
2. ¿Cómo se clasifican los parásitos?
3. ¿Cómo se clasifican los huéspedes?
4. ¿Cómo se clasifican los protozoarios?
5. ¿Cómo se clasifican los helmintos?
Desde los albores de la historia el ser humano ha tratado de sobrevivir en este planeta y conseguir alimento de las diferentes fuentes existentes en su
entorno. Para ello ha luchado contra diversas contrariedades ambientales. De acuerdo con la “selección natural” de Charles Darwin, el más fuerte
(esto es, el más adaptable) fue el que sobrevivió y el más débil el que desapareció. En el medio que lo rodeaba se encontró con otros organismos vivos
que integraban la flora y fauna, de tal manera que se vio obligado a convivir con ellos.
Al igual que el hombre, las demás especies de animales también aprendieron a sobrevivir en la naturaleza en convivencia con otros y desarrollaron
habilidades necesarias para obtener sus alimentos mediante la caza. Los organismos microscópicos se desarrollaron en un ambiente que les
proporcionara los nutrimentos necesarios para su reproducción y permanencia en dicho ambiente. En tanto, los organismos más grandes
adquirieron de forma accidental a los microorganismos. Por ejemplo, si estos últimos se encontraban en la tierra, el agua o sobre una superficie de un
objeto o un animal, otro organismo mayor entró en contacto con ellos al beber el agua, recogerlos de la tierra, alimentarse de un vegetal o animal, y
los incorporaba a su cuerpo. Si ambos permitían la relación, entonces se mantenía esta hasta que alguno moría; el más pequeño generaría
descendientes.
No obstante que el microorganismo permanecía en los tejidos de otro y se reproducía, como cualquier otro, secretaba y excretaba diversas sustancias.
Estas podrían desencadenar distintas reacciones que beneficiaban o perjudicaban al otro organismo. De este modo, las diferentes formas de crear
relaciones recibieron nombres específicos. Sin embargo, dos individuos forman en general una asociación y las consecuencias son variables. En la
actualidad la asociación entre dos organismos de diferente especie recibe el nombre de simbiosis (Schmidt, 1995) y las distintas simbiosis toman
denominaciones diferentes de acuerdo con los resultados de la asociación. En algunas fuentes bibliográficas se considera a la simbiosis como una
especie de mutualismo en donde las dos especies que conviven se benefician como es el caso del pez payaso y las anémonas, el primero le da limpieza
a la anémona, y esta le da alimento y protección al pez, sin embargo, nos damos cuenta de que se benefician, pero no dependen uno del otro.
Las asociaciones pudiesen mencionar algunas consecuencias contrarias a las esperadas, por ejemplo, dado que el pez payaso no depende de la
anémona y viceversa, en cualquier momento se abandonan y otro organismo puede modificar este ambiente convirtiéndose en parasitismo o bien,
como evolutivamente ha sucedido, en comensalismo. Es por eso por lo que se separa la simbiosis de las demás relaciones. Con base en ello,
definiremos a la simbiosis como una asociación entre dos organismos de diferente especie sin implicación negativa o benéfica.
MUTUALISMO
Es la asociación en la que ambos simbiontes son dependientes entre sí y resultan beneficiados. Puede mencionarse como ejemplo el caso de las
termitas, en cuyo intestino existen protozoarios hipermastiginos. Estos digieren la celulosa que contiene la madera y los productos de esta digestión
los utiliza la termita para su alimentación. Por otro lado, la termita provee un ambiente favorable para el desarrollo del protozoario. Uno no vive sin el
otro: si se remueve el hipermastigino del intestino, la termita es incapaz de digerir la madera y en consecuencia muere.
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anémona y viceversa, en cualquier momento se abandonan y otro organismo puede modificar este ambiente convirtiéndose en parasitismo o bien,
como evolutivamente ha sucedido, en comensalismo. Es por eso por lo que se separa la simbiosis de las demás relaciones. Con base en ello,
definiremos a la simbiosis como una asociación entre dos organismos de diferente especie sin implicación negativa o benéfica.
MUTUALISMO
Es la asociación en la que ambos simbiontes son dependientes entre sí y resultan beneficiados. Puede mencionarse como ejemplo el caso de las
termitas, en cuyo intestino existen protozoarios hipermastiginos. Estos digieren la celulosa que contiene la madera y los productos de esta digestión
los utiliza la termita para su alimentación. Por otro lado, la termita provee un ambiente favorable para el desarrollo del protozoario. Uno no vive sin el
otro: si se remueve el hipermastigino del intestino, la termita es incapaz de digerir la madera y en consecuencia muere.
COMENSALISMO
En esta relación uno de los simbiontes (denominado comensal) vive a expensas de otro (llamado huésped) sin causarle daño. El comensal es de menor
tamaño que su huésped. En este sentido, no debe confundirse el organismo comensal con la flora habitual, ya que esta última representa poblaciones
que forman parte natural del huésped e incluso lo protege de infecciones; en contraste, los comensales no se encuentran normalmente en los tejidos
del huésped y este los adquiere de forma accidental y representan contaminación e incluso infección. Como ejemplo es posible citar Endolimax nana,
organismo que infecta al ser humano en su intestino y sobrevive gracias a que se alimenta de bacterias y sustancias orgánicas e inorgánicas que se
encuentran en la luz intestinal, sin ocasionarle trastornos al huésped. No produce daño, pero no es normal que esté infectando.
FORESIS
Esta simbiosis se observa cuando el huésped transporta a un organismo denominado foronte, más grande este que aquel. Como ejemplo puede
referirse el caso de Musca domestica, la cual transporta entre sus patas o tórax bacterias y protozoarios, que actúan como forontes, y los traslada
hacia un sitio en el que pueden ser foco de infección para el ser humano.
PARASITISMO
En esta asociación la interacción ocurre cuando un organismo llamado parásito vive a expensas de otro denominado huésped y le inflige daño.
También en esta forma de simbiosis el huésped es de mayor tamaño que el parásito. En un sentido estricto, el VIH es un parásito ya que sobrevive
dentro de los linfocitos T del hombre y le causa daño. Vibrio cholerae también es un parásito puesto que es una bacteria que vive a expensas del
ambiente del intestino y, como consecuencia, provoca lesión. Histoplasma capsulatum es un hongo que produce enfermedad en el ser humano y, por
tanto, es un parásito.
PARASITOLOGÍA
Pese a los ejemplos anteriores, la virología se encarga de estudiar los virus, la bacteriología las bacterias y la micología los hongos. Para facilitar el
estudio y sistematización, la parasitología es la parte de la biología cuyo objeto de estudio es el parasitismo producido por protozoarios, helmintos y
artrópodos. Si éstos son capaces de inducir enfermedades en animales, su campo de investigación se extiende a la parasitología animal, o a la
parasitología vegetal si se trata de enfermedades en plantas. Cuando los organismos provocan afecciones en el hombre, la rama que los estudia es la
parasitología médica. De manera particular, si se investigan aspectos más cercanos a la relación entre médico y el paciente afectado por una
enfermedad parasitaria, la parasitología se torna clínica. Existen trastornos parasitarios en el ser humano que se inician a través del contacto con
animales, que también sufren la parasitación y la enfermedad; en consecuencia, dichos animales son capaces de transmitir la anomalía al hombre.
Estos padecimientos de animales transmitidos al hombre se conocen como zoonosis.
Es importante aclarar que un protozoario, helminto o artrópodo es un parásito bajo ciertas condiciones; de otro modo, puede infectar a un individuo y
permanecer como comensal, siempre que la infección se entienda como el establecimiento, reproducción y sobrevivencia de un organismo dentro o
sobre los tejidos de un huésped. Para que el parasitismo tenga lugar, es decir, en la que el huésped sea afectado, deben cumplirse distintos requisitos
en relación con el parásito y el huésped.
1. Dosis o cantidad de inóculo. Para que se induzca un daño en el huésped el parásito debe infectar en una cantidad mínima; algunos parásitos
deben encontrarse en cantidades superiores a 1 × 106 para ocasionar daños; a otros les basta con uno o dos. Si el mecanismo se basa en toxinas,
entonces la infección depende de la cantidad de toxina necesaria para producir el trastorno.
2. Factores de virulencia. Hay especies de parásitos que, en la naturaleza, se presentan en la forma de diferentes cepas que pertenecen a la misma
especie. A pesar de que cada cepa es un grupo de organismos con características biológicas, bioquímicas, moleculares o genéticas bien definidas,
dentro de la misma especie del parásito hay cepas que poseen la capacidad de lesionar y otras que no la tienen, esto es, existen cepas patógenas y
no patógenas, respectivamente. La patogenicidad (capacidad para infligir daño) de un parásito, depende de los factores de virulencia; entre estos,
de manera general, se pueden mencionar los siguientes:
Moléculas de superficie que le permitan al parásito adherirse a la superficie de los tejidos del huésped.
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deben encontrarse en cantidades superiores a 1 × 106 para ocasionar daños; a otros les basta con uno o dos. Si el mecanismo se basa en toxinas,
entonces la infección depende de la cantidad de toxina necesaria para producir el trastorno.
2. Factores de virulencia. Hay especies de parásitos que, en la naturaleza, se presentan en la forma de diferentes cepas que pertenecen a la misma
especie. A pesar de que cada cepa es un grupo de organismos con características biológicas, bioquímicas, moleculares o genéticas bien definidas,
dentro de la misma especie del parásito hay cepas que poseen la capacidad de lesionar y otras que no la tienen, esto es, existen cepas patógenas y
no patógenas, respectivamente. La patogenicidad (capacidad para infligir daño) de un parásito, depende de los factores de virulencia; entre estos,
de manera general, se pueden mencionar los siguientes:
Moléculas de superficie que le permitan al parásito adherirse a la superficie de los tejidos del huésped.
Enzimas que degradan los tejidos del huésped.
Mecanismos moleculares que superan las defensas del cuerpo humano.
Rapidez de su reproducción (mayor a la reproducción de las células del huésped).
Secreciones que alteran la fisiología de los tejidos del huésped y que actúan como toxinas.
Espacio físico ocupado y que obstruye el funcionamiento normal de una persona infectada.
De manera mecánica, los movimientos del parásito pueden lastimar los tejidos del huésped.
Competencia por los alimentos que se encuentran en el medio.
3. Fase del parásito. No todas sus fases son infectivas y patógenas para el ser humano.
En relación con el huésped, el parasitismo se desarrolla si aquél muestra la suficiente susceptibilidad al parásito; de lo contrario, a pesar de que sea
patógeno y se encuentre en una dosis suficiente o mayor, el daño al huésped no ocurre porque este no es susceptible. Por ejemplo, el VIH es un virus
que infecta al hombre, pero no a gatos o perros.
Los parásitos reciben distintos nombres:
1. De acuerdo con la localización, dentro o sobre los tejidos del huésped, un organismo es endoparásito si se desarrolla en el interior;
ectoparásito, si aparece en la superficie del huésped.
2. Respecto de su reproducción pueden dividirse en: intracelulares o extracelulares, cuando se reproduce en el interior o fuera de una célula
huésped, respectivamente, pero en sus tejidos.
3. Es posible clasificarlos también por el número de especies de huéspedes que pueden parasitar: a) estenoxeno, si su ciclo de vida requiere
la transmisión de animales al hombre (y desde luego se desarrolla en este último para regresar al animal); un ejemplo es Taenia solium, que infecta
al cerdo en la fase larvaria y se desarrolla en la fase adulta en el ser humano, en cuyas heces se elimina el huevo que infecta de nueva cuenta al
cerdo; b) eurixeno, cuando se transmite de animales al hombre pero no en sentido contrario; un ejemplo es Toxoplasma gondii, que infecta al ser
humano como quiste, presente en los tejidos del cerdo, res o ave, pero los animales no se infectan con los toxoplasmas que el hombre adquiere.
4. De acuerdo con el número de huéspedes que emplea para completar el ciclo biológico: a) monoxeno, si el parásito sólo requiere un
huésped para completar su ciclo; en este caso el nematodo Trichuris trichiura es un ejemplo, ya que el ciclo sólo se verifica en el ser humano; b)
polixeno o heteroxeno, cuando el ciclo biológico exige la participación obligada de varios huéspedes, como las especies de Gnathostoma, que
necesitan la intervención de felinos, copépodos, peces, entre otros (Bush et al., 1997).
5. En relación con el tiempo que pasa un parásito en su huésped: a) accidental, si el huésped donde se encuentra no es el habitual; b)
temporal, si utiliza a un huésped para subsistir, pero luego lo abandona; c) permanente, cuando vive toda su existencia en el mismo huésped,
como en el caso de Toxoplasma gondii, que no se separa del huésped hasta que muere.
A los huéspedes también se los conoce de diversos nombres:
1. Accidental. El alojamiento que suministra al parásito es circunstancial.
2. Intermediario. Permite el establecimiento de fases inmaduras o asexuales del parásito.
3. Definitivo. Posibilita el establecimiento de las fases maduras o sexuales del parásito.
4. Completo. El que actúa como definitivo e intermediario.
5. Paraténico. Alberga al parásito sin que este se desarrolle en alguna fase (se dice que es de transporte).
6. Reservorio. Permite que el parásito conserve su naturaleza infectiva para el ser humano (Euzeby, 1997).
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CAPÍTULO 2: Aspectos generales de la parasitología, Marco A. Becerril Flores
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1. Accidental. El alojamiento que suministra al parásito es circunstancial.
2. Intermediario. Permite el establecimiento de fases inmaduras o asexuales del parásito.
3. Definitivo. Posibilita el establecimiento de las fases maduras o sexuales del parásito.
4. Completo. El que actúa como definitivo e intermediario.
5. Paraténico. Alberga al parásito sin que este se desarrolle en alguna fase (se dice que es de transporte).
6. Reservorio. Permite que el parásito conserve su naturaleza infectiva para el ser humano (Euzeby, 1997).
De igual modo, a los ciclos biológicos se les designa con diferentes nombres (Atías, 1999; Tay, 2002).
1. Homogónico. Todas las fases del parásito son parasitarias o de vida libre.
2. Heterogónico. Hay alternancia de fases (de vida libre y parasitaria) en el parásito.
INTERACCIÓN PARÁSITO-HUÉSPED
La interacción parásito-huésped tiene que ocurrir bajo condiciones necesarias y, las más de las veces, el contacto es accidental; no obstante, el
parásito puede buscar alimento y, si existen sustancias que libera el huésped necesarias para aquél, se dirige en su dirección y se establece sobre o
dentro de él. Para el primer caso puede considerarse como huésped al propio hombre: cuando este se encuentra con el parásito, este último ingresa
por alguna vía y trata de sobrevivir; en otras palabras, ocurre una infección (establecimiento, sobrevivencia y reproducción en los tejidos del
huésped), la cual genera cambios en el huésped, que provocan una diversidad de reacciones en él. La interacción parásito-huésped se crea en un
microambiente.
Puede ser de utilidad el ejemplo de la fasciolosis. El parásito Fasciola hepatica infecta al humano cuando se encuentra enquistado en plantas
acuáticas; si son comestibles, como los berros, el hombre se infecta; más tarde, después de diversos fenómenos dentro de su organismo, el ser
humano elimina al parásito en sus heces. Si defeca en un cuerpo de agua sin movimiento, que contenga caracoles del género Lymnaea, el parásito se
desarrolla en su interior para después salir y, al enquistarse, infecta al hombre. En este ejemplo, la presencia del ser humano, que defeca al ras del
suelo, la de caracoles y de plantas acuáticas, crea un ambiente que, en términos ecológicos, resulta esencial.
Por otro lado, el parásito sobrevive dentro de los tejidos del caracol y del ser humano, pero en cada huésped existen diferentes fases del parásito; en
consecuencia, cada huésped representa un microambiente distinto. Los términos que deben considerarse para definir, con precisión, las
características de un macroambiente o microambiente son los siguientes: el sitio o localización del parásito es la región espacial o topológica en
un huésped donde un parásito se colecta. Se diferencia del hábitat, que se refiere al ambiente típico local en el cual se encuentra el parásito. Otro
término que no es claro en ocasiones es nicho, un concepto que alude a su papel y la forma de adecuarse o adaptarse dentro de una comunidad
particular. Para conocer la importancia de las parasitosis en una región geográfica, datos de enorme importancia, sólo se explican en forma
cuantitativa, razón por la cual, es necesario definir términos que permitan estimar la magnitud de la existencia de una infección parasitaria:
1. Prevalencia. Es el número de huéspedes infectados con uno o más individuos de una especie particular de parásito o grupo taxonómico dividido
entre el número de huéspedes examinados de la misma especie parasitada. También se aplica a infecciones. Se puede expresar como porcentaje,
si se expresa en términos de proporción sobre 100%.
2. Incidencia. Es el número de nuevos huéspedes que se infectan con un parásito particular, durante un intervalo específico dividido entre el
número de huéspedes no infectados, presentes al inicio de ese lapso. Por ejemplo, si de 100 sujetos que ingresan a un hospital se infectan 15 en un
año, la incidencia es de 15 infectados por cada 100 pacientes.
3. Densidad. Es el número de individuos, de una especie particular de parásito, en una unidad de muestreo medida a partir de un huésped o un
hábitat, en unidades de área-volumen o peso. Por ejemplo, la parasitemia de ratones infectados con Trypanosoma cruzi se puede informar en
términos de densidad de infección (número de parásitos por mililitros de sangre).
4. Intensidad de infección. Es el número de sujetos de una especie particular de parásito en un huésped infectado y se expresa en números
enteros de parásitos que se encuentran en cada huésped. A esta unidad la han denominado los parasitólogos carga parasitaria o nivel o radio de
infección.
5. Intensidad media. Es la intensidad promedio de una especie específica de parásito que se presenta entre los miembros infectados de una
especie particular de huésped, o bien el número total de parásitos en una muestra, dividida entre el número de huéspedes infectados con ese
parásito. Por ejemplo, si tres ratones están infectados: uno con 1 000, otro con 100 y otro con 100, la intensidad promedio es la suma de las tres
intensidades (1 000 + 100 + 100 = 1 200) entre el número de huéspedes infectados con ese parásito: 1 200/3 = 400. La intensidad promedio es de
400.
6. Abundancia. Es el número de individuos de una especie particular de parásito en un huésped, tanto si está infectado como si no lo está. Por
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4. Intensidad de infección. Es el número de sujetos de una especie particular de parásito en un huésped infectado y se expresa en números
enteros de parásitos que se encuentran en cada huésped. A esta unidad la han denominado los parasitólogos carga parasitaria o nivel o radio de
infección.
5. Intensidad media. Es la intensidad promedio de una especie específica de parásito que se presenta entre los miembros infectados de una
especie particular de huésped, o bien el número total de parásitos en una muestra, dividida entre el número de huéspedes infectados con ese
parásito. Por ejemplo, si tres ratones están infectados: uno con 1 000, otro con 100 y otro con 100, la intensidad promedio es la suma de las tres
intensidades (1 000 + 100 + 100 = 1 200) entre el número de huéspedes infectados con ese parásito: 1 200/3 = 400. La intensidad promedio es de
400.
6. Abundancia. Es el número de individuos de una especie particular de parásito en un huésped, tanto si está infectado como si no lo está. Por
ejemplo, si de tres huéspedes uno tiene 100 parásitos de una especie, otro 1 000 de la misma especie y el otro no tiene parásitos, la abundancia es
100, 1 000 y 0. La descripción es individual para cada huésped.
7. Media abundancia. Es el número total de parásitos entre el número total de individuos de una población. En el ejemplo anterior, serían 1 100
parásitos entre 3 y la abundancia media sería de 367 parásitos de esa especie (Bush, 1997).
Es importante señalar qué otros conceptos de la interacción parásito-huésped también son relevantes y suelen confundirse: colonización es el
establecimiento de una población de parásitos en un sitio donde antes no había, al menos un parásito; esto no significa que se reproduzca, sobreviva
y extienda, caso en el cual se trataría de una infección. Un huésped se coloniza cuando se infecta. Este término es contrario al de extinción, que se
refiere al huésped que ya no tiene ningún individuo del parásito. Para la colonización el parásito debió desplazarse por sí solo o bien un agente lo
transportó. En este mismo sentido, la transmisión es el transporte o acarreo de un parásito a un huésped sin importar si ya está colonizado por la
misma especie del parásito. La colonización se aplica a un huésped, una población de huéspedes o una especie de huéspedes.
En una región geográfica pueden existir comunidades (una comunidad incluye más de una población de diferentes organismos que viven juntos en
una unidad de espacio-tiempo). En una comunidad puede haber una diversidad de especies y por diversidad se alude a la composición de una
comunidad en términos del número de especies presentes.
Las infecciones parasitarias que se desarrollan en el ser humano deben denominarse de tal manera, que se las pueda identificar. Algunas reciben el
nombre por razones históricas, como la amebiasis, nombre que se relaciona con el agente causal de la enfermedad, las amebas, y que, la gente en
términos comunes le denomina amibas y por consiguiente amibiasis. Otras reciben el nombre de acuerdo con la especie de parásito que produce la
enfermedad, y la zona en donde se desarrolla, como el caso de la tripanosomosis americana, que sólo afecta al continente americano. Otras veces, la
denominación se explica por la fase del parásito que ocasiona la infección, como la cisticercosis. Otras más, toman su nombre del parásito infectante,
como la giardiasis, cuyo agente causal es el protozoario Giardia. Con la finalidad de uniformar la nomenclatura de las enfermedades parasitarias, la
Asociación Mundial por el Avance de la Parasitología Veterinaria publicó en 1988 una terminología estandarizada de afecciones parasitarias de
animales y en 1991 la Federación Mundial de Parasitólogos la aprobó y la hizo extensiva a las enfermedades del hombre y animales (SNOPAP,
Standardized Nomenclature of Parasitic Diseases). De esta manera, se acordó que debe emplearse el sufijo -osis y el plural -oses. Esta terminación
debe agregarse al taxón del nombre del parásito y omitir, si es necesario, la última o las dos últimas letras; los nombres de enfermedades bien
establecidas históricamente se conservan como hasta ahora. Por ejemplo, el paludismo, enfermedad de Chagas, larvas migrantes, etc. Los
padecimientos parasitarios que se estudien en adelante se adecuarán a estas consideraciones.
Es importante considerar que, los parásitos originalmente se clasificaron con base en características morfológicas, con la ayuda de las descripciones
ultraestructurales, comportacionales, o ambas, así como características ecológicas; actualmente estudios de biología molecular permiten una mayor
aproximación. De este modo, a manera de ejemplo, Dientamoeba fragilis, anteriormente se le consideraba un protozoario agrupado dentro de las
amebas, sin embargo ahora es claro que es un flagelado. A Pneumocystis carinii se le consideraba como protozoario apicomplexa, ahora está
clasificado como un hongo oportunista.
Los parásitos se agrupan como protozoarios, helmintos y artrópodos. Anteriormente se consideraban a los organismos agrupados en cinco reinos:
Monera, Protista, Animalia, Fungi y Plantae. Desde los estudios filogenéticos, basados en biología molecular, señalan que los grupos de organismos
eucariotes derivan de los procariotas. Por lo que un grupo de expertos propuso clasificar a los eucariotes, indicando los organismos que se originaron
a partir de ellos, y dentro de éstos se encuentran los animales, plantas y hongos. Los protozoarios se caracterizan por ser organismos unicelulares,
eucariotas y carecen de pared celular. El grupo de expertos en protozoología que reclasificó a los protozoarios, laboran en varios países del mundo y
publicaron su clasificación taxonómica en el año 2005 (Sina M.D. et al., J. Eukaryot. Microbiol., 52(5);2005:399–451). Los seis grupos son los
siguientes: Opisthokonta, Amoebozoa, Excavata, Rhizaria, Archaeplastida, Chromalveolata.
En la tabla al final de esta página se presenta dicha clasificación destacando los grupos de microorganismos de importancia médica.
Dentro del reino Animalia se encuentran dos grupos que juegan un papel relevante como parásitos del ser humano: los helmintos y los artrópodos.
Helminto significa “gusano”. Dentro de estos organismos existen tres phyla: platyhelminthes, nematoda y acantocephala. El nombre platyhelminthes
significa “gusano plano”. En los platelmintos se incluyen varias clases y los parásitos de importancia médica se localizan en las clases trematoda
(trematodos) y cestodaria (cestodos).
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eucariotas y carecen de pared celular. El grupo de expertos en protozoología que reclasificó a los protozoarios, laboran en varios países del mundo y
publicaron su clasificación taxonómica en el año 2005 (Sina M.D. et al., J. Eukaryot. Microbiol., 52(5);2005:399–451). Los seis grupos son los
siguientes: Opisthokonta, Amoebozoa, Excavata, Rhizaria, Archaeplastida, Chromalveolata.
En la tabla al final de esta página se presenta dicha clasificación destacando los grupos de microorganismos de importancia médica.
Dentro del reino Animalia se encuentran dos grupos que juegan un papel relevante como parásitos del ser humano: los helmintos y los artrópodos.
Helminto significa “gusano”. Dentro de estos organismos existen tres phyla: platyhelminthes, nematoda y acantocephala. El nombre platyhelminthes
significa “gusano plano”. En los platelmintos se incluyen varias clases y los parásitos de importancia médica se localizan en las clases trematoda
(trematodos) y cestodaria (cestodos).
El término trematodo procede de dos términos que significan “agujero” y “atravesar”, y se refiere a los órganos de fijación, de cuyos número y
localización en su cuerpo dependen su clasificación. Son aplanados en la región dorsoventral y tienen forma foliácea (hoja de vegetales). Están
cubiertos por una capa celular llamada “tegumento”, que no es más que un sincitio recubierto de microvellosidades que incrementan el área de
absorción, ya que tienen un sistema digestivo primitivo. En el interior de su cuerpo hay un parénquima, en el cual se alojan todos sus órganos. No
tienen sistema respiratorio pero sí tienen sistemas nervioso, excretor, digestivo y reproductor. El sistema digestivo consta de una ventosa oral, que se
continúa con una faringe, luego con esófago y al final con intestinos ciegos, puesto que no terminan en ano. Su sistema excretor lo forman células
ciliadas que confieren la apariencia de una “flama” y su función es eliminar los productos de desecho en el citoplasma. Dado que están
interconectados con túbulos colectores, que a su vez desembocan en conductos colectores, y todos en una vesícula excretora, es posible la
eliminación de los productos de desecho. El sistema nervioso está compuesto de un par de ganglios cerebroides de los cuales surgen tres pares de
cordones nerviosos a lo largo de todo el parásito, y su función es recibir los estímulos que le permiten reaccionar. En relación con el aparato
reproductor, casi todos son hermafroditas y sólo en algunos como Schistosoma hay machos y hembras. Por lo regular tienen dos testículos, de cada
uno de los cuales surge un conducto eferente; de ahí se derivan conductos por los que transcurren los espermatozoos hasta desembocar en un cirro
para copular con el órgano femenino. Ambos se encuentran en un poro genital. En el aparato femenino, desembocan los espermatozoos, cuya
función es fecundar los óvulos producidos por los ovarios. Los trematodos atraviesan por varias fases larvarias que reciben distintos nombres
(miracidio, esporoquiste, redias, cercarias, etc.) y la fase adulta, en la que se maduran los órganos de reproducción.
Supergrupo Organismos importantes que agrupa
Ejemplos de géneros de parásitos
de importancia médica
Opisthokonta Animales, hongos, coanoflagelados y mesomycetozoa. Microsporidios.
Amoebozoa Amebas, slime moulds, amebas testadas, algunos ameboflagelados, algunas especies
que no tienen mitocondrias.
Sappinia, Acanthamoeba, Balamuthia,
Entamoeba, Endolimax.
Excavata Oxymonadidos, parabasálidos, diplomonadidos, jakobidos y otros flagelados,
heterolobosea.
Giardia, Dientamoeba, Trichomonas,
Naegleria, Leishmania, Trypanosoma.
Rhizaria Foraminíferos, muchos son radiolarios y cercozoa con filópodos. No hay.
Archaeplastida Glaucophyta, algas rojas, algas verdes y plantas. No hay.
Chromalveolata Se divide en Alveolata (ciliados, dinoflagelados, apicomplexa) y Straemenopilos
(algas cafés, diatomeas, hongos zoospóricos y opalínidos), Haptophyta y
Cryptophyceae.
Apicomplexa (Plasmodium,
Cryptosporidium, Cyclospora),
Ciliophora (Balantidium).
Los cestodos atraviesan por las fases de huevo y larvaria, que se llaman de distinta manera, y la adulta. El adulto está formado por unidades conocidas
como “proglótidos”, cada una con todos los órganos reproductores. Estos gusanos poseen también un sistema nervioso dispuesto en cordones y uno
excretor similar al de los trematodos, con la excepción de que no desembocan en vesícula excretora. También el sistema nervioso es similar. Debido a
que el cuerpo se conforma con diferente número de proglótidos, se dice que es un helminto polizoico, a diferencia de los trematodos que son
monozoicos; el cuerpo se denomina estróbilo. En la parte anterior se encuentra, a manera de cabeza, el llamado “escólex”, órgano que contiene las
estructuras de fijación.
Los nematodos pueden ser hembras o machos, por lo que se les considera dioicos, a diferencia de los platelmintos que son monoicos
(hermafroditas). También poseen sistemas excretor, nervioso, reproductor y además su sistema digestivo comienza con una boca y termina en un
ano; esto es, son más evolucionados. Otra diferencia notoria es que sus órganos no están en un parénquima, sino en un pseudoceloma que contiene
fluidos que forman parte de su metabolismo.
La interacción huésped-parásito es muy compleja y modifica la condición inicial del huésped, la del parásito y su ambiente. En todo caso, el parásito
encuentra casi siempre el medio necesario para sobrevivir o es eliminado dentro o fuera del huésped.
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que el cuerpo se conforma con diferente número de proglótidos, se dice que es un helminto polizoico, a diferencia de los trematodos que son
monozoicos; el cuerpo se denomina estróbilo. En la parte anterior se encuentra, a manera de cabeza, el llamado “escólex”, órgano que contiene las
estructuras de fijación.
Los nematodos pueden ser hembras o machos, por lo que se les considera dioicos, a diferencia de los platelmintos que son monoicos
(hermafroditas). También poseen sistemas excretor, nervioso, reproductor y además su sistema digestivo comienza con una boca y termina en un
ano; esto es, son más evolucionados. Otra diferencia notoria es que sus órganos no están en un parénquima, sino en un pseudoceloma que contiene
fluidos que forman parte de su metabolismo.
La interacción huésped-parásito es muy compleja y modifica la condición inicial del huésped, la del parásito y su ambiente. En todo caso, el parásito
encuentra casi siempre el medio necesario para sobrevivir o es eliminado dentro o fuera del huésped.
Preguntas para reflexionar
1. De las características morfológicas, moleculares, estructurales y bioquímicas, ¿cuáles se utilizarían como primera opción para identificar una
especie con rasgos morfológicos similares a otros?
2. Dentro de los parámetros cuantitativos que pueden explicar la cantidad de parásitos de una especie que afecta a un individuo, ¿cuál se
emplearía para expresar la virulencia?
3. ¿Qué criterio debe seguirse para saber si un huésped es definitivo o intermediario con base en las herramientas moleculares?
Respuestas a las preguntas de la evaluación inicial
1. Mutualismo, comensalismo, foresis y parasitismo.
2. Los parásitos se clasifican en endoparásitos o ectoparásitos, intracelulares o extracelulares, estenoxenos, eurixenos, monoxenos, heteroxenos,
accidentales, temporales y permanentes.
3. Los huéspedes se clasifican en accidentales, intermediarios, definitivos, completos, paraténicos y reservorios.
4. Los protozoarios de importancia médica se ubican en los phyla sarcomastigophora, microspora, apicomplexa, ciliophora.
5. Los helmintos se clasifican en cestodos, trematodos (dentro de los platelmintos), nematodos y acantocéfalos.
BIBLIOGRAFÍA
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Parasitología médica, 5e
CAPÍTULO 3: Efectos de la parasitación en el aparato digestivo
Eduardo Becerril Flores; Marco A. Becerril Flores
INTRODUCCIÓN
Preguntas de evaluación inicial
1. ¿Qué papel juega el sistema inmunitario en una infección parasitaria intestinal?
2. ¿Por qué las infecciones tienden a la cronicidad?
3. ¿Qué barreras inespecíficas defienden al ser humano de la infección?
4. ¿Qué inmunoglobulina se secreta en una infección?
5. ¿Cómo actúa el MHC (complejo principal de histocompatibilidad) en la defensa del huésped?
En países donde la infraestructura sanitaria es pobre, las infecciones intestinales perduran durante décadas o siglos, como sucede en los países
tercermundistas, en los que las parasitosis son de los padecimientos más frecuentes en la población humana; se calcula que la presencia de las
parasitosis es aproximadamente 30% de la población mundial. Además de que las inadecuadas medidas higiénicas favorecen la parasitación
intestinal, es bien claro que la población que llega a infectarse desde etapas tempranas de la vida, puede adquirir cierta resistencia, de manera que en
edad adulta puede estar infectado, pero ser un portador asintomático, conduciendo a un problema epidemiológico: la diseminación de los parásitos
en el ambiente. Por otro lado, no siempre se produce resistencia en los niños parasitados, en ocasiones los parásitos presentan factores de virulencia
que producen la muerte del individuo infectado.
¿De qué factores depende el resultado de una parasitación prolongada?
Para contestar esta interrogante es importante conocer los mecanismos que operan en el tracto intestinal y los cambios microscópicos y
macroscópicos que a menudo inducen manifestaciones clínicas. Por un lado, los parásitos, protozoarios y helmintos son capaces de modificar sus
antígenos, lo que permite escapar temporalmente de la respuesta inmune. Por otro lado, la gravedad de las infecciones depende del número de
parásitos que están infectando. Sin embargo, en los niños, cantidades pequeñas de parásitos pueden provocar anomalías en el crecimiento y en el
desarrollo mental, causando además anemia y desnutrición.
CONSIDERACIONES GENERALES
El sistema inmune de la mucosa intestinal presenta propiedades únicas ya que se encuentra expuesta a gran variedad y cantidad de antígenos; tiene
una actividad inmunológica permanente y mantiene un microambiente fisiológico hacia respuesta antiinflamatoria. Es capaz de distinguir y
neutralizar agentes nocivos y reconocer antígenos inocuos, generando un estado de no respuesta llamado “tolerancia oral”.
En la práctica cotidiana, es común que el médico inicie el tratamiento de una infección gastrointestinal, sin antes confirmar el diagnóstico. Sin
embargo, si el tratamiento no actúa contra el microorganismo la terapéutica fracasa y es cuando continúa probando nuevos medicamentos. Es posible
que el tratamiento no tenga éxito en ciertas parasitosis, a pesar de conocer el agente causal. ¿Cuál es la razón? Cambios en el comportamiento del
parásito. Una de las características de las infecciones es que pueden hacerse crónicas. En este caso, el tipo de respuesta inmunitaria se va modificando
en el curso de la infección, y depende de la presencia de antígenos circulantes, de la estimulación antigénica y de la formación de inmunocomplejos.
Por tanto, es recomendable conocer aspectos biológicos, fisiopatológicos e inmunológicos de la interacción huésped-parásito, así como la biología
del parásito y del humano.
ACCIÓN DE PARÁSITOS EN EL TRACTO DIGESTIVO
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CAPÍTULO 3: Efectos de la parasitación en el aparato digestivo, Eduardo Becerril Flores; Marco A. Becerril Flores
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En la práctica cotidiana, es común que el médico inicie el tratamiento de una infección gastrointestinal, sin antes confirmar el diagnóstico. Sin
embargo, si el tratamiento no actúa contra el microorganismo la terapéutica fracasa y es cuando continúa probando nuevos medicamentos. Es posible
que el tratamiento no tenga éxito en ciertas parasitosis, a pesar de conocer el agente causal. ¿Cuál es la razón? Cambios en el comportamiento del
parásito. Una de las características de las infecciones es que pueden hacerse crónicas. En este caso, el tipo de respuesta inmunitaria se va modificando
en el curso de la infección, y depende de la presencia de antígenos circulantes, de la estimulación antigénica y de la formación de inmunocomplejos.
Por tanto, es recomendable conocer aspectos biológicos, fisiopatológicos e inmunológicos de la interacción huésped-parásito, así como la biología
del parásito y del humano.
ACCIÓN DE PARÁSITOS EN EL TRACTO DIGESTIVO
Primero, hay que considerar los mecanismos de entrada del parásito al cuerpo humano, el cual puede ser de tres tipos: a través de la cavidad bucal
(amebas, giardias, ascaris, etc.), por el ano (oxiuros) y penetrando a través de la piel (unicnarias y Strongyloides stercoralis). Una vez que los parásitos
llegan al tracto digestivo, tratan de sobrevivir alimentándose del medio para reproducirse. En segundo lugar, para que se establezcan en un sitio
específico deben existir factores quimiotácticos, los cuales deben atraer al parásito hacia ciertos tejidos del huésped, hay parásitos que se dirigen al
corazón, al sistema nervioso central, al sistema respiratorio, al tracto digestivo, etc. Además, el microorganismo infeccioso debe tener factores de
adherencia, seguramente moléculas que puedan reconocer e interactuar con moléculas de los tejidos del huésped, quizá realizando reacciones
receptor-ligando y que le permiten al parásito quedar adherido a la superficie tisular. Al permanecer en un sitio específico del cuerpo humano, para
sobrevivir, comienzan a alimentarse del medio y como consecuencia excretan sustancias de desecho o secretan moléculas al medio extracelular del
huésped. Tales sustancias podrían ser tóxicas para el huésped. Es entonces cuando comienzan los mecanismos patogénicos, pues el hecho de ocupar
un espacio puede alterar la función de ese tejido. La reproducción del parásito provoca su extensión, multiplicando a su vez la presencia de moléculas
perjudiciales al huésped. Los antígenos son proteínas que son asimilados por acción gástrica pancreática o por proteasas del ribete de cepillo que es
la unión de aminoácidos libres u oligopéptidos cortos que son absorbidos por las células epiteliales intestinales, después llegan al GALT (del inglés
gut associated lymphoid tissue). La mucosa actúa como una barrera contra el medio ambiente; el tejido linfoide asociado a mucosas ha desarrollado
la habilidad de distinguir entre agentes nocivos, a los que neutraliza mediante eficientes mecanismos protectores, y antígenos inocuos contra los que
no genera esto, principalmente en el tejido linfoide asociado a intestino (GALT). En el GALT se distinguen sitios inductivos más estructurados que
otros, en los cuales se inicia la respuesta inmune, tales como placas de Peyer (PP), nódulos linfoides mesentéricos (NLM), apéndice y nódulos linfoides
solitarios y sitios efectores de organización más difusa. La actividad conjunta de estos sitios inductivos y efectores genera a nivel mucosa una
respuesta rica en inmunoglobulina A (IgA) y una robusta inmunidad celular con funciones citotóxicas, regulatorias y de memoria.
Las infecciones parasitarias también desencadenan mecanismos característicos, mediados por anticuerpos y por otras células, la eficiencia de cada
uno de estos tipos de respuesta depende del parásito implicado y de la fase de la infección, por ejemplo las tenias y uncinarias adultas viven en el
intestino y los esquistosomas adultos viven en los vasos sanguíneos y algunas filarias en vasos linfáticos.
Papel de los mastocistos y eosinófilos con inducción de la muerte y la expulsión de los parásitos, o ambos
Los mastocistos son células grandes con gránulos citoplasmáticos que contienen histamina, que actúan para dilatar y permeabilizar los vasos locales,
favoreciendo el proceso inflamatorio. El papel de aquellas células es eliminar los parásitos y esto es sugerido por la mastocistosis intestinal, que se da
cuando están presentes infecciones causadas por helmintos y que se activan cuando se produce un IgE unido a un Ag multivalente, éste activa a
mastocito a liberar a mediadores sintetizados previamente y a secretar citocinas entre las cuales se encuentran IL-3, IL-4, GM-CSF y TNF-α, así como
proteasa.
Se activa un Ac unido a un receptor FC específco de IgE (FCɛRI) y de IgG (FCɛR3), liberando sus gránulos y secretando mediadores lipídicos
(prostaglandinas y leucotrienos) y citocinas. La mayoría de los receptores FC sólo se unen de forma estable a los Ac, pero FCɛRI se une al Ac IgE
monomérico con muy alta afinidad. Aunque se pueda observar que existen bajos niveles de IgE total circulante una porción sustancial está unida al
FCɛRI de los mastocistos y de los basófilos. En tanto que los eosinófilos son granulocitos que pueden expresar FCɛRI siempre y cuando son activados y
reclutados en el centro de la inflamación.
Las citocinas pueden modificar permeabilidad en el intestino y descamación en el epitelio, lo que facilita la expulsión de los parásitos del intestino y se
ha observado que las células caliciformes recubren con moco a los helmintos principalmente para su eliminación justo antes de su expulsión, y esta
respuesta inmune es específica ya que se da cuando ya ha existido una inmunización anterior.
En cuanto a los eosinófilos su asociación a las infecciones por helmintos, fue debido a que evolucionaron con un sistema de defensa específico en la
fase tisular, cuyo excesivo tamaño no permite que puedan ser fagocitados y las reacciones de los mastocistos dependerán de la IgE para que este
atraiga a los eosinófilos hacia los parásitos y estos, a su vez, estimulen las propiedades antiparasitarias presentes, por lo cual, estas células ayudan al
huésped a luchar en contra de la infección para evitar una migración de los mismos hacia diversas partes del cuerpo o de los tejidos. Los eosinófilos in
vitro pueden destruir a larvas de helmintos gracias a la presencia de los eosinófilos, que se ven potencializados por la presencia de los mastocitos
dependientes de IgE a nivel local, incluyendo a los mediadores de la respuesta inmune.
RESPUESTA DEL HUÉSPED A LA INFECCIÓN
Para poder entender lo anterior, es importante señalar que el tracto digestivo cuenta con una mucosa que tiene factores protectores tanto
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