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(2019 10-9) HIGIENE DEL SUEÑO (doc)

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Es imprescindible un manejo adecuado de este problema de salud desde los equipos de Atención Primaria, coordinándose médicos y enfermeras para la realización de planes de salud individualizados para los pacientes con insomnio, en el que los mismos sean participes de sus cuidados. Así mismo, también se debería evitar la medicalización de la vida diaria. es muy importante conocer que estar triste NO implica necesariamente estar enfermo, existiendo una errónea tendencia a psicopatologizar reacciones de ánimo normales y transitorias como son la tristeza, el miedo, la incertidumbre, la inseguridad, la rabia, la angustia... debido a procesos vitales

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(2019 10-9) HIGIENE DEL SUEÑO (doc)

  1. 1. Irene Fernández. R1 de Enfermería Familiar y comunitaria. CS. Fuentes Norte HIGIENE DEL SUEÑO Dormir es una actividad absolutamente necesaria para el ser humano, ya que durante la misma se llevan a cabo funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psíquico y físico de los individuos: restaurar la homeostasis del sistema nervioso central y del resto de los tejidos, restablecer almacenes de energía celular y consolidar la memoria. La inadecuada cobertura de la necesidad de sueño se considera un problema de salud de especial repercusión en la población dando lugar a trastornos, siendo el más común y frecuente el insomnio. El insomnio es la dificultad para conciliar el sueño y/o para mantenerlo o un despertar precoz acompañado de una sensación de sueño insuficiente o no reparador y que repercute sobre la vigilia diurna, es decir nos repercute sobre nuestra actividad diurna. Un paciente con insomnio presenta consecuencias diurnas como fatiga (se puede sentir más cansado), somnolencia (por no haber podido conciliar el sueño durante la noche o despertarse frecuentemente), deterioro de la memoria (se pueden olvidar cosas) cambios en el estado de ánimo, (pueden estar más enfadados, irascibles o decaídos), cambios en la concentración (que pueden repercutir en nuestras actividades diarias, así como en su desempeño social o familiar, entre otros. Las causas que con más frecuencia originan insomnio son las debidas a una mala higiene del sueño, es decir a malos hábitos como son irregularidades en los horarios, acostarse demasiado pronto, trabajo o actividades con excesiva estimulación mental realizadas por la noche, ejercicio físico antes de acostarse, ingesta de bebidas excitantes (café, té, etc.) o de sustancias estimulantes cerca de la hora de acostarse, presencia de ruidos, calor o fríos excesivos, cambios de horario, etc. Los trastornos del sueño son muy frecuentes en la población general, por lo que resultan un habitual motivo de queja en las consultas de medicina general. La prevalencia de mala calidad del sueño en nuestro medio es de 63,8 % y puede afectar tanto a la edad adulta como a la infancia. Respecto a la edad adulta, la prevalencia es mayor en mujeres y en grupos de edad mayores de 65 años. Se describe que hasta una de cada tres personas mayores de 60 años reportan insomnio y que una de cada dos toma algún medicamento para dormir. La prevalencia en este grupo etario ha sido estimada entre 20% y el 40%. Se muestra un incremento notable en la década de los 70-79 años. El insomnio también está presente en la mayoría de las personas que tienen trastornos mentales como esquizofrenia, depresión, ansiedad… Respecto a la infancia, puede afectar también a todos los grupos de edad. En los niños de 5-12 años sobre todo está influida por resistencia a irse a la cama y a dificultades para levantarse por la mañana. En la adolescencia muchos presentan mala calidad subjetiva del sueño y una latencia para conciliar el sueño de más de 30 minutos. Es de sobra conocida la importante repercusión de los trastornos del sueño sobre la calidad de vida. Habitualmente, se escucha que no conseguir un sueño reparador, ya sea por disminución en la calidad o cantidad de éste, puede impactar negativamente en nuestro estado de salud, y la mayoría de las personas están muy familiarizadas con los efectos negativos a corto plazo que puede producir una o algunas malas noches de sueño. Entre los distintos efectos que
  2. 2. Irene Fernández. R1 de Enfermería Familiar y comunitaria. CS. Fuentes Norte pueden aparecer en la vigilia del día siguiente encontramos: somnolencia diurna, irritabilidad, problemas de concentración, dolor de cabeza, fatiga, trastornos de memoria, etc. En la actualidad existe una gran cantidad de evidencia científica en relación a que los trastornos del sueño crónicos son un factor de riesgo significativo para una gran diversidad de enfermedades crónicas, que van desde las enfermedades cardiovasculares, hasta los trastornos psiquiátricos, emocionales y cognitivos. Los trastornos del sueño son un factor de riesgo muy importante e independiente para diversas enfermedades cardiovasculares, entre ellas la hipertensión, el infarto agudo de miocardio, la insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular… Además, en un incremento en el riesgo de otras enfermedades crónicas (sobre todo metabólicas) que adicionalmente aumentan el riesgo cardiovascular y la mortalidad, entre ellas están la obesidad, la diabetes y el síndrome metabólico. En la esfera neurológica, los TS también son un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedad vascular cerebral (infarto cerebral), y además son un factor de pronóstico negativo para la recuperación funcional del mismo. Paralelamente estos trastornos del sueño, en especial el insomnio, se ha relacionado con el desarrollo de depresión y ansiedad; sin embargo, establecer con claridad la causalidad entre insomnio y depresión resulta complejo ya que existe una asociación bidireccional entre ellos. Es de vital importancia realizar una educación sanitaria adecuada para dar a conocer medidas básicas sobre la higiene del sueño y, a su vez, los cambios normales que se producen como consecuencia del envejecimiento. En su mayoría, los trastornos del sueño están relacionados con una deficiente higiene del sueño. Como podemos observar es importante la repercusión del insomnio sobre la calidad de vida del paciente que lo padece con importantes repercusiones en cuanto a accidentalidad laboral y de tráfico. En base a lo redactado anteriormente, es inminente la necesidad de un correcto enfoque diagnóstico y terapéutico del insomnio. Para abordar este problema es fundamental una completa anamnesis para poder analizar las causas, definir el problema y concretar su evolución que permita analizar las posibles causas, definir de forma concreta el problema y determinar su evolución. El tratamiento debe ser individualizado teniendo en cuenta el paciente de manera global, comenzando con la valoración y promoción de medidas de higiene del sueño (priorizando esta área) y, en caso necesario, medidas psicológicas (técnicas cognitivo-conductuales) y/o farmacológicas. Está demostrada la relación entre el insomnio con un peor estado de salud en general y con percibir nuestra propia salud como mala. La persona con insomnio es fundamental que conozca todos los tratamientos disponibles y, entre ellos, las posibilidades no farmacológicas. Es clave que haya un consenso entre los diversos profesionales para así realizar una detección temprana e identificar qué situaciones requieren tratamiento farmacológico y/o actividades de educación para la salud en higiene del sueño. Debemos tener claro que el tratamiento del insomnio debe ir dirigido a eliminar la causa y lograr, así, una mejoría sintomática. Podemos diferenciar dos alternativas para el tratamiento de los trastornos del sueño: tratamiento farmacológico y no farmacológico.
  3. 3. Irene Fernández. R1 de Enfermería Familiar y comunitaria. CS. Fuentes Norte En relación con el tratamiento farmacológico tenemos fármacos como las benzodiacepinas (Lorazepam), agonistas de las benzodiacepinas (zolpidem), antidepresivos (mirtazapina), la melatonina o la valeriana. Diversos estudios afirman que el uso de determinados medicamentos puede acarrear riesgos y, aun así, se está haciendo un excesivo consumo de ellos en la población (sobre todo en la población mayor). El tratamiento farmacológico es el más empleado en la actualidad. Las personas mayores son el grupo de edad que consume más hipnóticos y durante más tiempo (prácticamente de forma continuada). Por otro lado, esto aumenta los costes sanitarios. En las alternativas no farmacológicas tenemos las técnicas cognitivo-conductuales como la relajación. Las técnicas de relajación como la respiración abdominal, el mindfulness, la desactivación cognitiva o la visualización son útiles para controlar nuestro estado fisiológico y nuestras emociones para favorecer así el descanso. Una sencilla técnica de relajación es lo que se conoce como relajación progresiva. Sentado o tumbado ya en la cama se deben relajar los músculos de todo el cuerpo progresivamente empezando por los pies, concretamente por los dedos. Se tensa en primer lugar los dedos de los pies y mantenlos durante 10 segundos. Se relajan y se va repitiendo este ejercicio de forma ascendente por todo el cuerpo. Las técnicas cognitivo-conductuales están siendo de gran utilidad en la mejora del descanso. Estas técnicas consisten en identificar pensamientos que impiden dormir y en el remplazo por hábitos que favorezcan el sueño, eliminando de esta manera las causas que originan el insomnio. Por otro lado, en el tratamiento no farmacológico tenemos las medidas de higiene del sueño. Las medidas de la higiene del sueño son las más cercanas al papel de enfermería y las menos agresivas para el paciente. Engloban un conjunto de hábitos de conducta que favorecen el inicio o mantenimiento del sueño. Consiste en una serie de recomendaciones para facilitarles un sueño normal, minimizando su problema y sus consecuencias. El profesional sanitario presenta un importante papel en la mejoría de esta situación. Para ello, debe conocer e identificar las medidas que deben llevarse a cabo para realizar una correcta higiene del sueño. Entre las medidas principales podemos destacar: -Mantener un horario fijo de acostarse y levantarse. -En la cama solo estar el tiempo suficiente. Permanecer durante mucho tiempo puede provocar un sueño ligero y fragmentado. Emplear la cama solo para dormir: no para leer, ver la televisión… -Preferiblemente, no echar la siesta. En casos concretos y necesarios, después de comer no más de 30 minutos. -Evitar tomar cafeína y teína por lo menos 6 horas antes de acostarse. No consumir tabaco y alcohol en la medida de lo posible (además de sus efectos negativos inherentes a la salud, alteran el sueño).
  4. 4. Irene Fernández. R1 de Enfermería Familiar y comunitaria. CS. Fuentes Norte -Practicar ejercicio al menos una hora al día, no durante las tres horas antes de acostarse. Evitar realizar actividades intensas o estresantes antes de dormir. -Lograr un ambiente del cuarto adecuado en relación a la temperatura, luz y ruido. Evitar colchones muy duros. -No acostarse con hambre, sed, ni realizar cenas copiosas ni ingestas excesivas de bebida. Echarse a dormir mínimo 2 horas tras la cena. Si tomamos algo antes de acostarnos mejor un vaso de leche templado o alimentos suaves (evitar alimentos con mucho azúcar o líquidos abundantes). Si nos levantamos a mitad de noche es aconsejable no comer nada dado que nuestro cuerpo se acostumbrará a este hábito. -Valorar el tratamiento farmacológico ya que puede interferir en el sueño. No tomar estimulantes antes de acostarse y evitar los que provocan sueño diurno (antihistamínicos, benzodiacepinas, etc.). Evitar los diuréticos por la noche. -Es aconsejable estar al aire libre durante el día y tomar el sol con precaución. -Establecer una rutina diaria antes de acostarse que indique la proximidad a la hora de dormir: ejercicios relajantes, aseo… -Si no se consigue conciliar el sueño a los 15-20 minutos, salir del cuarto y realizar alguna actividad tranquila. -Evitar pensar sobre sus actividades del día o planear futuras actividades y evitar acostarse estresado, preocupado… -La musicoterapia en pacientes con demencia ha demostrado ser una buena medida a incluir dado que produce cambios en las ondas cerebrales que conducen a estados de tranquilidad, relajación y desarrollo adecuado de estados de vigilia-sueño. Podemos afirmar que los trastornos del sueño están en aumento en la población en general. En este aumento están influyendo múltiples factores, y aunque esté afectando que se está poniendo más interés en su detección temprana por su importancia en la salud, también resulta evidente que afecta de manera importante el estilo de vida actual. La mayor preocupación es la asociación entre los trastornos del sueño y las enfermedades crónicas. Para combatir el insomnio suele emplearse tratamiento farmacológico, sobre todo, suelen prescribirse benzodiacepinas por su comodidad y rapidez. Sin embargo, muchos de los problemas de sueño son de origen extrínseco; es decir, están causados por malos hábitos de sueño. Por ello, es de vital importancia una buena información y educación para conocer este problema intentando prevenirlo y minimizando sus consecuencias para poder disfrutar de una mejor calidad de vida. El tratamiento farmacológico puede ser necesario cuando no han funcionado otros métodos. En el caso de benzodiacepinas, debe emplearse con la dosis mínima posible y no prolongar su uso en el tiempo (no más allá de 2-4 semanas de duración). En caso de prescribir hipnóticos, los pacientes deben ser informados de los problemas de dependencia y tolerancia a su uso y de los efectos secundarios que pueden originar. No obstante, es importante valorar el riesgo- beneficio de cualquiera de estos fármacos antes de recurrir a ellos. Por todo lo comentado, es imprescindible un manejo adecuado de este problema de salud desde los equipos de Atención Primaria, coordinándose médicos y enfermeras para la
  5. 5. Irene Fernández. R1 de Enfermería Familiar y comunitaria. CS. Fuentes Norte realización de planes de salud individualizados para los pacientes con insomnio, en el que los mismos sean participes de sus cuidados. Así mismo, también se debería evitar la medicalización de la vida diaria. es muy importante conocer que estar triste NO implica necesariamente estar enfermo, existiendo una errónea tendencia a psicopatologizar reacciones de ánimo normales y transitorias como son la tristeza, el miedo, la incertidumbre, la inseguridad, la rabia, la angustia... debido a procesos vitales.

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