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Vulnerabilidad en la adolescencia

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Vulnerabilidad en la adolescencia

  1. 1. Tema: Desarrollo de un tema con base en los tipos de licenciamiento Autor: Dr. Raúl Alejandro Gutiérrez García
  2. 2. Vulnerabilidad en la Adolescencia. Tradicionalmente, la adolescencia se caracteriza como una etapa de transición a la adultez, donde los jóvenes deben cumplir con ciertas tareas, así como adquirir las responsabilidades y compromisos establecidos para la población adulta. Esta concepción se ha cuestionando seriamente en los últimos años, ya que investigaciones actuales dan cuenta de las problemas para insertarse al mundo adulto, principalmente por la falta de oportunidades en el ámbito educativo y laboral, que por ende dificulta la sobrevivencia económica, los espacios de socialización, y en consecuencia puede generar evasión y exclusión en los jóvenes (Saraví, 2004). La situación anterior se agrava, si se considera que algunas políticas sociales y económicas presentes a nivel Mundial y en América Latina, promueven un potencial para lo que podríamos llamar una “adolescencia intensificada; es decir, una fase crítica marcada por la exasperación resultantes del conflicto interno y la desorganización social” (Erikson, 2004:28). Lo que ocasiona que ese momento de transición, el joven sea especialmente frágil ante los factores de riesgo, en particular a la exclusión social, la cual puede presentarse si la persona no es lo suficientemente competitiva o no responde a los presupuestos sociales de lo que debe ser una persona en vías de alcanzar la etapa adulta (Adell, 2002). En ese sentido, los jóvenes que no logran insertarse en los espacios laborales o educativos; es decir, aquellos que no estudian o trabajan, se ubican en una especie de “limbo social”, con notorias consecuencias en la formación de su identidad, metas de vida y situaciones de riesgo. De hecho, con frecuencia son excluidos ante un ejercicio de poder,
  3. 3. en el cual las personas que no son productivas, es decir “sin empleo”, desempleados sin subsidio, subempleados, empleados precarios y empleados temporales; “sin educación” que presentanabsentismo, los que no fueron aceptados, los que tuvieron un fracaso escolar, se consideran “población sobrante” y se les etiqueta negativamente, muchas veces sin realizar un examen crítico y sin prejuicios sobre las circunstancias sociales y económicas que se relacionan con dicha situación ocupacional (Adell, 2002). La estigmatización social es un proceso altamente recursivo, que en los adolescentes y jóvenes sólo agrava la situación de exclusión, ya que las personas que no fueron aceptados en la escuela o en un trabajo, pueden experimentar una pérdida de interés para asistir a una institución educativa; así como baja motivación para la búsqueda de empleo; si se considera además, que es difícil encontrar oportunidades en las empresas para personas sin experiencia laboral previa, o bien con frecuencia este grupo son los primeros en sufrir despidos o causar baja por reducción del personal, es posible situar algunos elementos que permiten explicar porqué los jóvenes suelen experimentar desánimo, depresión y baja motivación ante la búsqueda de alternativas, desarrollando incluso una postura en contra de las instituciones de las que fueron rechazados (García, 1987). Este panorama, de por sí desalentador, se complica aún más, si se considera que algunas de las variables relacionadas con la exclusión social, como los índices de pobreza y factores de la desigualdad, se han intensificado en los últimos tiempos. Por lo tanto, es necesario dar cuenta de las nuevas formas de vulnerabilidad surgidas a raíz de las recientes transformaciones sociales y culturales que determina la exclusión de los jóvenes del campo educacional y el laboral. Lo anterior ha dado como resultado la conformación de un grupo poblacional que se ubican en la periferia de las ocupaciones deseables socialmente, construyendo un nuevo fenómeno social que engloba adolescentes y jóvenes, que no
  4. 4. forman parte del sistema de educación formal y tampoco ingresan al mercado laboral, estos jóvenes, que han recibido el sobrenombre de “ninis”, comparten el elemento común de permanecer al margen de las instituciones tradicionalmente más relevantes en la función de socialización e integración social (Saravi, 2004). Tal situación genera importantes retos en la disciplina psicológica (por no hablar de las implicaciones que conlleva en el aspecto económico, político, social y cultural de un país), ya que definirse a sí mismo como “estudiante” o “trabajador”, marca una barrera, entre aquellos que están desempleados y no estudian. Por lo tanto, los jóvenes que se encuentran en esta condición, en la cual no son “ni lo uno, ni lo otro”, se ubican en una situación extrema de exclusión, donde parecería ser que no “existen” socialmente hablando. Al realizar un ejercicio crítico de análisis, es posible vislumbrar que más allá de un grupo de jóvenes sin empleo ni trabajo, se encuentra toda una serie de condiciones sociales que abarca desde los procesos macro-económicos, hasta fenómenos micros, como el sistema familiar y los medios de comunicación que parecen favorecer y reforzar una adolescencia postergada, en donde suele ser difícil asumir responsabilidades del mundo adulto, y donde con frecuencia se asocia a este grupo de jóvenes con actividades ilícitas, tales como el consumo de drogas (Saravi, 2009). Respecto a lo anterior, si bien toda persona es vulnerable a los cambios que surgen a lo largo de su vida, se ha encontrado que esta vulnerabilidad es mayor en adolescentes (Barón, 2000), ya que circunstancias inherentes a su proceso de desarrollo pueden favorecer al desequilibrio y la confusión asociada a la búsqueda de identidad y consolidación de un autoconcepto, al respecto, es importante señalar que en esta etapa, se encuentran tareas de desarrollo importantes a cumplir, tales como la construcción de las identidades (personal, sexual, vocacional), el lograr autonomía psicológica y eventualmente económica, el
  5. 5. desarrollo educativo y laboral, así como adquirir habilidades sociales necesarias para enfrentar el mundo de la adultez. Sin embargo el contexto social en el cual viven los adolescentes de hoy en día, en cuanto a la falta de oportunidades educativas y laborales, la violencia que ocurre dentro de las comunidades, familias y escuelas, la oferta de alcohol y sustancias ilícitas, y la desintegración de familias, entre otros aspectos interfiere con la resolución satisfactoria y saludable de estas tareas (Benjet, 2010). Asimismo, las diferencias sociales que puede haber entre los adolescentes, influye con la construcción de identidades satisfactorias y sanas (Gutiérrez, 2009). Lo anterior es visible si se considera que en la adolescencia y en la juventud son básicas las relaciones sociales, las cuales se basan en los vínculos que surgen con los amigos de generación, ya sean de la escuela, de su comunidad o familiares cercanos, y es a partir de éstas que el joven va edificando sus identidades; pero es también a consecuencia de éstas, que es vulnerable a factores y conductas de riesgo. Numerosas investigaciones han destacado que precisamente en la adolescencia, se presenta con mayor frecuencia conductas problemáticas tales como las adicciones, embarazos no deseados, reprobación y deserción escolar, desempleo, entre otros; fenómenos que se deben comprender en contextos más amplios, articulados en ámbitos familiares, socio-históricos y económicos (Sánchez, Oliva & Parra., 2006). No obstante, así como es posible identificar circunstancias de vulnerabilidad y riesgo, la literatura señala condiciones que pueden favorecer el óptimo desarrollo de individuos y poder reducir los efectos de circunstancias desfavorables (Munist, Santos, Kotliarenco, Suárez, Infante & Grotberg, 1998). Entre estas condiciones destacan la posibilidad de obtener educación, poseer un empleo, así como crecer en un ambiente social libre de adicciones, violencia, desempleo y pobreza que permita un proceso saludable y
  6. 6. adaptativo. También son significativas la presencia de una red de apoyo social con amistades y parientes, un ingreso económico suficiente con una administración adecuada, oportunidades educativas y un proyecto de vida que impulse la movilidad social, entre otras circunstancias que influyen sobre el bienestar subjetivo (Arita, 2005). Específicamente, se ha demostrado que el tener un plan o un proyecto de vida, permite al joven ser persistente y creer en sus propias competencias o habilidades, se relaciona con un desarrollo personal y en la forma de socialización (Bandura, 1997; Wrosch, Scheier, Miller, Schulz & Carver, 2003). Asimismo, cuando un joven logra identificar y poner en marcha un plan de vida, éste funciona como un factor protector y preventivo de conductas de riesgo, que minimiza el eventual hecho de tener que enfrentarse a una situación de desempleo o de exclusión educativa Bajo este orden de ideas, se pretende considerar una mirada construccionista para comprender el fenómeno “nini” desde la voz de sus propios protagonistas. Desde esta postura se parte de la idea de que construimos nuestras historias y le otorgamos a nuestra experiencia un significado coherente, a través del lenguaje y de las relaciones sociales.

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